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EL JOVEN DE LAS ENAGUAS
 

Hasta en las cosas más serias
la nota cómica existe,
y de los casos más graves
algunos hombres se ríen,
por ejemplo: los sucesos
de Valladolid, que miden
por su enorme trascendencia
una magnitud horrible.

Me cuentan que con motivo
de aquellos hechos punibles,
que en la Sultana de Oriente
se sucedieron, un LINCE,
una especie de ARLEQUÍN,
más sanguinario que un tigre
y más marrajo que un indio
de CHICHIMILÁ, a los quince:
a costa de los demás
se propuso divertirse
y explotar aquel momento
de pánico indescriptible.
¿Que cómo? ¡Muy fácilmente!
El joven logró evadirse,
(no se sabe si en un AÉREO
o en un globo dirigible),
pero lo cierto es que fue
en los momentos horribles
en que despertaba el pueblo
al disparo de los rifles
y el grito ensordecedor
de la turba inconmovible,
y emprendió la caminata,
con el propósito firme;
y cumplió su cometido,
porque con aire apacible,
aspecto de aventurero
y la mirada muy triste,
mintió a TIRIOS y TROYANOS
y hasta comió, según dicen,
a costa de los REPORTERS
que lo asediaban, serviles.
—Joven, ¿cómo pudo usted
escapar?
                         —Por ese CHISME…
(y les mostraba un biciclo
sin recámaras ni timbre)
 —¿Pero cómo? Cuente usted.
 —¡Por Dios, que no me hostilicen
y hablaré, se los prometo
aunque sufra y me fatigue.
(Y suspiraba el muy tuno
acariciando su CHISME)
¡Yo fui de los que cayeron
prisioneros!...
                        —¡Infelice!
 —Y estuve, yo se los juro,
a punto que me fusilen.
 —¡Qué barbaridad!...
                         —¡Señores,
aquella escena fue horrible!...

Eran las tres y tres cuartos
cuando del RASTRO salíme,
y a las cuatro menos cuarto
me aprehendieron. ¡Cien fusiles
por lo menos me apuntaban;
pero yo, sereno y firme,
me sobrepuse a la turba
gritando: ¡No me asesinen!...
Soy inocente, señores;
¡por Dios, que no me fusilen!
Entonces, el Oficial
que era una especie de buitre,
intervino en el instante
y les dijo: QUE ENCAPILLEN
A ESE TROZO DE CERNÍCALO
PARA QUE NO ESCANDALICE
Y QUE HAGAN QUE CONFIESE
PORQUE A LAS CINCO SIGUE
FORMEN EL CUADRO Y QUE TRUENEN
EN EL ACTO A ESOS 3 PINCHES.
(Eran el médico, el cura
y el señor Juez). ¡Qué terribles
fueron aquellos instantes
para mí!... ¡Qué insostenible
mi situación!… Por fortuna
un pensamiento sublime
acudió a mi mente loca
en momentos tan horribles:
me vestí con una bata
de mi madre y los TUPILES
creyéndome una mujer,
dejáronme el paso libre
y pude escapar, señores,
cabalgando en ese CHISME.
(La bicicleta de marras
sin recámaras ni timbre;
bicicleta que el guasón,
según malas lenguas dicen,
hasta mandó retratar
con el propósito firme
de que ciertos periodistas
de su CHISME no se olviden.)

Cascabel
Junio 20 de 1910.

Diario Yucateco, 25 de junio de 1910, p. 3.