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EL CONSEJO DE GUERRA DE LOS REVOLTOSOS DE VALLADOLID
 

INTERESANTES Y COMPLETOS DETALLES. LOS REOS NO HAN SIDO AÚN SENTENCIADOS

DE NUESTRO ENVIADO ESPECIAL.

(Por correo)
Valladolid, 24 de junio de 1910.

Como lo anuncié, ayer a las nueve de la mañana dio comienzo en la casa en que se aloja el General Bravo, el primer Consejo de Guerra extraordinario para juzgar a Atilano Albertos, Maximiliano R. Bonilla, Anastasio Osorio, Valerio Sánchez, Feliciano Cervera, Tomás Cetina, Juan Ojeda Medina, Bonifacio Esquivel, Ramiro Osorio y José Kantún, estando compuesto el Tribunal como dije en mi información de ayer. A la hora fijada y debidamente escoltados, fueron conducidos los mencionados cabecillas al salón que ya estaba henchido de gente.
La tropa y la oficialidad vestían de riguroso uniforme. Poco después fueron conducidos al mismo salón unos quince individuos sirvientes de la finca “Kantó”, quienes en sus declaraciones condenaban a los cabecillas. Después que éstos ocuparon sus banquillos, se les leyó la orden de proceder que contra ellos dictó el General Bravo, considerándolos reos de los delitos de homicidio, robo con violencia, resistencia a tropa formada y sedición, después de lo cual fueron remitidos todos, quedando sólo en el banquillo Atilano Albertos. Leída que le fue su declaración, se practicaron con él y con los sirvientes de la finca “Kantó”, varios careos, en los que él, Albertos, negó haber tomado parte en los sucesos del tres del actual y otros muchos cargos que se le hacían, ratificándose los otros en sus declaraciones. Después fue conducido a una habitación, incomunicado, viniendo a ocupar su puesto Maximiliano R. Bonilla. Éste portaba traje de filipina blanca y alpargatas. Su semblante, aunque tranquilo, revelaba un gran abatimiento moral, y su densa palidez demostraba que ha sufrido mucho en estos últimos días. Después de que se le leyó su primera declaración, tuvo varios careos con los sirvientes de “Kantó”, que estaban como testigos de cargo, después de lo cual se examinó a los testigos de descargo. En este momento y como se notase hacía rato, que un individuo que servía como intérprete para examinar a los sirvientes de “Kantó” no llenaba su cometido, mal interpretando todo en perjuicio de los acusados, el Teniente Miguel Antillón, defensor de Bonilla, recusó a aquel intérprete, nombrándose en su lugar a José Isabel Villanueva, que estaba presente.
Como en su declaración decía Atilano Albertos que Ruz Ponce, que se titulaba coronel, había dado igual grado a Alcocer y a Bonilla, haciéndolos reconocer por la tropa como tales el miércoles 8, y como Teniente Coronel a Atilano Albertos, Mayor de órdenes a Nicanor Loría y Mayor de las fuerzas a Donato Bates, se practicó un careo entre ambos, resultando que se ratificase en su negativa Bonilla y Albertos conviniera en que cuando Ruz Ponce hizo conocer a la tropa estos nombramientos, lo mismo que el de Teniente Coronel de Cetina, éstos no estaban presentes.
Después se practicó un careo entre Cetina y Bonilla y otros entre estos dos y Valerio Sánchez. Después se practicaron careos entre Feliciano Cervera, Atilano Albertos y Bonilla, pues el primero dijo que los segundos lo amenazaron de muerte si no tomaba parte en la revolución, y que cuando llegó con las tropas de su mando del pueblo de Xocén, fueron a alcanzarlo y lo redujeron a prisión a él y a sus soldados, siendo ayudados aquéllos por el Jefe Político y Comandante de la plaza, D. Miguel R. Ponce y de Bates, por lo que se vio precisado a quedarse. Bonilla y Albertos dijeron que vino y tomó parte en la revolución de muy buena voluntad.
Siendo las doce y media se suspendió el consejo para continuarlo a las dos y media de la tarde.
Se reanudó el Consejo a las tres, con varios careos, entre José Kantún y los sirvientes de Kantó, que le hacían grandes cargos, rectificando muchos de ellos sus declaraciones que, debido tal vez a la mala interpretación del individuo que sirvió de intérprete, tenían algunas inexactitudes, según confesaron los mismos declarantes. Luego se practicaron dos careos entre Kantún, que nombró su defensor al Subteniente Ramón Ortega, y Cetina que dijo que Kantún estuvo como jefe en una trinchera y otro entre Cervera y Kantún, quien dijo que Cervera lo acriminaba, porque desde hace mucho tiempo tienen un asunto pendiente y por culpa de él lo habían encausado una vez. Se ratificaron ambos en sus declaraciones.
Luego se practicaron careos entre Ramiro Osorio, que portaba traje de filipina, de cotín azul a rayas, y los sirvientes de “Kantó”, que decían que éste les había dado órdenes de matar, saquear y hacer resistencia a la tropa. El defensor de Osorio, Subteniente abanderado Antonio Ferrer Díaz, hizo notar que hablando Osorio español y los otros maya, no pudo haberles dado orden personalmente, como afirmaban. Después y como ya el intérprete estaba cansado, se nombró al joven don Leonardo Quijano.
Como los sirvientes de “Kantó” aseguraban que Osorio estuvo en la toma de la Jefatura y de los cuarteles la noche del tres, él ofreció como testigos de descargo a las señoras Dolores Paz, Eligia Chi y Juana Chic, quienes fueron examinadas, declarando que cuando los disparos del ataque del cuartel, ellas se fueron a guardar al taller de carrocería de Osorio y que éste, lo mismo que su primo Anastasio, estaban allí y no habían salido sino hasta las cuatro de la mañana.
Se siguieron luego varios careos entre los sirvientes de “Kantó”, acusadores y Anastasio Osorio, quien probó que no había estado mandando las tropas, sino de retén en la azotea del palacio municipal. Siguió luego un careo entre Severiano Aguilar y Ramiro Osorio, después de lo cual fue traído Bonifacio Esquivel, quien también fue careado con los jornaleros de “Kantó”, que dicen que tomó parte en el ataque del cuartel. Luego fue careado el mismo con un soldado de G.N., llamado Feliciano Caamal, que fue herido en la toma del cuartel que él defendía y que asegura que Nicanor Loría y Esquivel, fueron los que lo levantaron herido y lo llevaron a un rincón del cuartel después de la toma.
Seguidamente se practicaron careos entre el Coronel Tomás Cetina, Claudio Loría, Matías Gómez, Paulino Loría y Feliciano Cervera, que decían que él tomó parte activa en la revolución y que los obligaba a pelear contra las tropas del gobierno, conviniendo Cetina en que era cierto todo.
Inmediatamente se practicaron varios careos entre Hernando Osorio, Atilano Albertos y Bonifacio Esquivel y otros entre Feliciano Cervera, Maximiliano R. Bonilla, Juan Ojeda y Tomás Cetina.
Siendo las ocho de la noche, se suspendió el Consejo y se reanudó a las diez de la noche con algunos careos entre Magdalena Manzano, soldado de G.N. que estaba en el cuartel la noche del asalto, y José Kantún, a quien el primero sostuvo que Kantún estuvo la noche del tres en el cuartel y tomó parte en los asesinatos cometidos aquella noche.
Después se practicaron careos entre el cabo de guardia nacional, Juan Santollo [sic] y los acusados Bonilla, Kantún, Esquivel y Albertos, a quienes aseguró el primero que habían tomado parte en el asalto del cuartel y en los asesinatos. Luego se examinó a José Isaac Perera, que resultó no haber visto nada, pues huyó.
Como existieran contradicciones entre las declaraciones de Valerio Sánchez, Evaristo Sierra y Feliciano Balam, se practicó un careo entre ellos, resultando que éste le sostuviera a Sánchez que tenía el mando de las tropas y que dictaba y ejecutaba órdenes.
Después se careó a Ramírez Bonilla y Graciliano Sánchez, conviniendo Bonilla en que él fue a buscar a casa del primero, con una orden de Ruz Ponce, la suma de doscientos pesos en cuenta de mil que le habían impuesto, careándose luego al mismo Bonilla con el comerciante Demetrio Rivero, a quien también le exigió Bonilla doscientos pesos de orden de Ruz Ponce.
Siguió luego un careo entre Feliciano Echasarreta [sic] y José Kantún, que negó haber ido a la tienda del primero en busca de armas y municiones.
Después se hizo venir a todos a la presencia del Tribunal y se mandó leer las actas procesales, entre las que figuran el informe rendido por los médicos que hicieron la autopsia del ex Jefe Político Regil y demás muertos la noche del tres, la relación de los muertos y heridos en toda la campaña, los informes rendidos por el director del telégrafo y de los perjuicios causados a las líneas y los informes rendidos por los jefes de otras oficinas públicas y de los perjuicios causados por los revoltosos. Después se dio lectura a los nombramientos expedidos, el primero a Tomás Cetina, como Coronel del quinto batallón de G.N., y el segundo a Valerio Sánchez, como Capitán ambulante también de G.N. Ambos nombramientos fueron expedidos durante el gobierno del señor General Cantón.
Como ya eran las doce y media de la noche, se suspendió el Consejo para continuarlo hoy a las seis de la mañana.

Diario Yucateco, 25 de junio de 1910, p. 4