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LA REBELIÓN DE VALLADOLID. PRODITORIOS ATENTADOS
 

Cuáles son sus causas.— Cuál es su carácter.— Documentos relativos al asalto y toma de dicha ciudad

Volvemos a ocuparnos de la rebelión iniciada en Valladolid en la madrugada del cuatro del actual. En el número 3,843, correspondiente al día siete, dijimos que como la información de la Prensa de esta ciudad de Mérida podía, en cierto modo, extraviar la opinión pública en cuanto al carácter, proporciones y trascendencia de los sucesos, el órgano oficial debía apuntar el verdadero aspecto de la situación hasta aquellos momentos. Al efecto, hicimos constar los motivos por los cuales no debía darse crédito a todas las noticias que la prensa recogía momento a momento, e hicimos diversas consideraciones dentro de la serenidad y con la discreción que el carácter de esta publicación imponen, manifestando que el orden público estaba seguro en el resto del Estado, así como que la paz, alterada por un momento en Valladolid, se recobraría en breve, pues los sucesos sangrientos de que se trataba, aunque graves en sí por su carácter, estaban reducidos a actos de un pequeño número de malos ciudadanos, contra las autoridades de aquella localidad, los cuales habían logrado cierta cooperación entre los indios de las poblaciones del Partido, merced a la ignorancia de éstos y valiéndose de diversos engaños. En nuestro artículo de entonces se declaró sinceramente que la situación no era exactamente conocida en todos sus detalles, respecto a la pequeña zona en que los actos criminosos se estaban desarrollando; pero se consignaban afirmaciones categóricas por lo que a la situación general del Estado se refería y las de carácter particular que autorizaban los datos, debidamente analizados, que tenía el Gobierno.
Cuando la toma de la ciudad de Valladolid tuvo lugar el día 9 del corriente, por acción combinada de las fuerzas federales y de guardia nacional, ese suceso, como los anteriores, fue abultado de tal manera que era bastante a rechazar las noticias a él relativas —como el número de los muertos y de los heridos— un sencillo y sereno examen del asunto.
Al día siguiente de aquel suceso, el Coronel Ignacio A. Lara, comunicó al Sr. Gobernador del Estado los datos que ese mismo día hizo saber el señor Secretario General de Gobierno a la prensa de Mérida, por medio de oficios idénticos al que publicamos en nuestra edición del 13 del corriente. Hoy damos a luz, enseguida de estas líneas, los oficios del mismo Jefe militar, números 1 y 21, dirigidos al Gobierno, en 12 y 16 del mes en curso, así como los documentos a que dichas comunicaciones se refieren.

Los que corresponden al primer oficio, son las relaciones de los muertos, heridos y prisioneros habidos en el combate, la de los asesinados por los rebeldes en la madrugada del día cuatro y la del armamento, correaje y municiones quitados a éstos en el asalto, y el documento correspondiente al segundo oficio, contiene el informe que rinde el señor Coronel Lara acerca de los movimientos del Batallón de su mando, desde su salida de Mérida hasta la toma de la plaza de Valladolid. Esos documentos aún no bastan para llegar al conocimiento exacto de todos los detalles, por cuyo motivo se ha dispuesto que el Jefe militar amplíe su informe, a fin de llenar las deficiencias observadas. Pero esos documentos y los datos de índole diversa que tiene el Gobierno del Estado, son suficientes para que el pueblo yucateco adquiera el conocimiento del carácter peculiar de los sucesos y para autorizar las consideraciones que en estas líneas se consignan.
Los sucesos de Valladolid, son graves ciertamente, pues constituyen una trasgresión de la ley, en términos que los actos ejecutados comprenden una larga lista de diversos delitos que afectan la vida, la propiedad y el orden público; así lo afirmamos en nuestro primer artículo; pero como también dijimos entonces, las proporciones de cada uno de estos actos no son, por fortuna, las que se llegó a darles merced a noticias de fuentes no verídicas; sobre todo, en lo que se refiere al número de asesinatos perpetrados y al carácter del levantamiento en contra de la autoridad, considerando en relación con las tendencias y propósitos de los cabecillas, con la personalidad social de éstos, y muy especialmente con la masa popular entre la que sembraron el engaño y la amenaza como procedimientos para hacerse de coautores y cómplices. Está fuera de duda que los cabecillas, después de asaltar el cuartel de cabecera y de matar al señor Jefe Político, expidieron órdenes a comisarios municipales y comandantes militares de los pueblos comarcanos, selladas con el sello de la Jefatura Política, citándolos para que con las fuerzas de su mando, se presentaran a recibir órdenes, y apercibiéndolos con ser juzgados militarmente. Es decir, que engañaron a muchos haciéndoles creer que la Jefatura Política les llamaba y requería sus servicios. Bien conocida del público es la condición de los habitantes de aquellas poblaciones indígenas, para que tengamos que esforzarnos en demostrar la verdad de esta aseveración.

A algunos de esos documentos y a otros relativos a exacciones y a inocuos despojos, análogos a los que ha mencionado la prensa de Mérida, hace referencia el Sr. Coronel Lara, en su ya citado informe. El Sr. Gobernador ha dispuesto que sean remitidos al Juzgado de 1ª Instancia de Valladolid.
¿Qué motivos, qué fundamentos, qué causas reconoce la acción de esos cabecillas? ¿Qué naturaleza o filiación tienen los móviles de su conducta? No corresponde a estos momentos y a este lugar, entrar a exámenes y consideraciones de puntos y cosas que contribuirán, tal vez en gran parte, a fijar la fisonomía, digámoslo así, de las verdaderas causas de los sucesos, quizás muy distintas de las que parecen tener ahora; porque no deben hacerse afirmaciones que corresponde formular a la voz de los tribunales después de una investigación escrupulosa. Pero como aparte del campo judicial, hay otro en el que la voz del Ejecutivo debe y puede hacerse oír legítimamente, cabe afirmar, respondiendo a las interrogaciones precedentes, que aunque los cabecillas enarbolaron —según datos diversos— una bandera política, por cuanto que hicieron público su encono en contra del actual gobierno y su adhesión a determinadas personas, una de las cuales figuró como candidato al Gobierno local en el próximo pasado período electoral, propuesto por una de las agrupaciones políticas contendientes, ese movimiento de rebeldía está despojado de todo poder y todo prestigio y carece, por consiguiente, de toda significación social, aparte de la que le corresponde en el terreno de la delincuencia, pues en verdad, se ha salido de lo vulgar, de lo que es corriente anotar en nuestros anales como trasgresiones de la ley penal.
Triste significación que la historia recogerá, sin duda, para demostrar cómo hasta en el seno de sociedades que, como la nuestra, se distinguen por su buen sentido moral, sucede, a veces, que unos cuantos perversos o malvados, desorientan la índole del pueblo para tornarlo de la noche a la mañana, en instrumentos de delito y en amenaza social. Por lo demás, ¿qué importancia puede tener ante el pueblo yucateco, ante la nación y ante el mundo entero, el movimiento de rebeldía en Valladolid?; ¿qué significación puede alcanzar quienes, en desconcierto con todo fundamento legítimo, engañan a un grupo de ignorantes para asaltar una guardia, matar a la primera autoridad del lugar y hasta a indefensos y pacíficos vecinos que no ejercen autoridad alguna, y se entregan enseguida a todo género de excesos y atropellos; y ebrios y desalmados, saquean la ciudad, un momento antes tranquila, en medio del terror y la desolación de sus habitantes que huyen y se ocultan como si hubiesen sido sorprendidos por el inesperado asalto de hordas salvajes, juradas enemigas de la ley y la civilización?
Aun prescindiendo del aspecto legal del suceso, ¿qué significación y qué prestigio pueden tener quienes no enarbolan una bandera, adoptada al calor de un programa que pretenda hacerse oír como producto de una aspiración que crea poder llamarse honrada aunque fuere erróneamente?
Es evidente, sea cual fuere el número y la condición de los coactores y cómplices ocultos que tenga el movimiento, que éste no puede representar o traducir el divorcio entre el Poder público y el pueblo yucateco, ni significa la manifestación, aunque indebida, de aspiraciones sociales hacia un cambio de hombres y de cosas en el campo de la política del país, por más que se vea con claridad meridiana que de ese campo surgió el espíritu de rebelión. Debemos llamar la atención del pueblo sobre los puntos de contacto, sobre las analogías que los sucesos de Valladolid parecen tener con los que en octubre del año próximo pasado reclamaron la acción del Poder público, y muy especialmente la de las autoridades judiciales que desde entonces se ocupan de instruir varios procesos. Y decimos que “debemos” para que se entienda que no es nuestro ánimo formular cargos personales ni achacar responsabilidades, que no estén bien definidas, sino desvanecer ideas y conceptos que, maliciosamente emitidos por algunos interesados en desvirtuar los sucesos de entonces, han podido tomar asiento en algunos criterios sanos que desean tener cabal y sincero conocimiento de los hechos. Son bien conocidas porque la prensa las dio a luz con ocasión de algunos juicios de amparo promovidos por los procesados, las declaraciones de varios de éstos, que hicieron saber todo el plan que debía desarrollarse en Mérida. En él figuran, como medios principales de acción: el asesinato de varios funcionarios y particulares; la incomunicación de los alambres del servicio eléctrico, del telegráfico y del telefónico; el asalto al Depósito de Parque, a los Cuarteles, Comisarías y a las oficinas bancarias y comerciales, así como que la dinamita debía utilizarse para todos estos actos. Pues bien: examínese todo lo sucedido en Valladolid y se verá como, aunque en menor escala por las condiciones de esa ciudad oriental, es el desarrollo de lo acordado para hacerlo en Mérida en octubre último. En presencia de estos hechos ¿no podemos asentar que ellos han venido a darle mayor justificación —si cabe o es necesario— a la actitud que el Poder público asumió en octubre último? ¿No comprometen ante la opinión pública a los que entonces fueron apuntados como promovedores del delictuoso proyecto, máxime si se considera que entre los procesados hay quien figura como uno de los cabecillas de la rebelión de Valladolid? Dejamos que responda por nosotros la conciencia de esas personas a las cuales hemos aludido antes, como gente sincera a quien honradamente interesa la verdad, sea cual fuere ésta. Por fortuna a dicha clase pertenece la inmensa mayoría del país, y sabrá comprender, sin duda, que si los sucesos de Valladolid no se enlazan y encadenan con los que no pudieron ejecutarse en octubre, los actos de los rebeldes tienen la misma odiosa filiación que los entonces proyectados.
Debemos también desvanecer todo lo que se refiere a ciertas versiones, no sabemos si errónea o maliciosamente vertidas, de la información telegráfica de México a la prensa de esta ciudad de Mérida. Nos referimos a las causas del movimiento de rebelión, que esa información asigna al descontento popular en el Partido de Valladolid, contra el señor Jefe Político, y a la aseveración que se hace de que varias comisiones comparecieron en diversas ocasiones ante el Ejecutivo, a formular cargos y a transmitir quejas contra dicho empleado, cuya destitución solicitaron. Alguno de los órganos de la prensa de México emite conceptos en el mismo sentido, fundando sus aseveraciones en informes y conjeturas de los señores Licenciados Delio Moreno Cantón y Serapio Rendón, a quienes, por ser yucatecos, se les puede creer enterados de los antecedentes. Por nuestra parte, debemos decir que no es cierto que alguien hubiera presentado una queja formal y concreta; nadie ha levantado su voz acusadora, ni menos se ha probado cosa alguna que pudiera autorizar la idea de que el Sr. D. Luis F. de Regil, había determinado con su conducta oficial, ni entre el elemento culto ni entre la masa analfabeta del Partido, un descontento capaz de conducir a los odiosos crímenes que motivan estas líneas. No queremos significar con esto que dicho empleado hubiese estado libre de malquerientes ni exento de cargos. ¿Qué empleado de su clase y categoría no es objeto de censura, y puede librarse de que alguien esté descontento con sus procedimientos aunque éstos se inspiren en la mejor buena fe y en los preceptos legales que les sirven de norma?
Si hubiera habido verdaderas causas para un malestar público, por actos de ese empleado, el Gobierno hubiera hecho cesar tal estado de cosas, pues siempre ha exigido de los que sirven en la Administración pública, y muy especialmente de los que son sus inmediatos representantes en los Partidos Políticos, la conducta que la ley y el decoro y la discreción exigen; pero aun suponiendo que uno o más de los actos oficiales o privados del señor Regil hubieran estado fuera de lo debido —pues no queremos negar en lo absoluto para no estar fuera de la discreción ni de la posibilidad de los hechos—repetimos que no es verdad que se hubiesen hecho ante el Gobierno del Estado las representaciones a que se refiere la ya citada información telegráfica. Tal vez ésta tienda a desviar ciertos criterios y a darle al suceso un aspecto o un carácter que en verdad no tiene.

Si en nuestro primer artículo dijimos que lo de Valladolid se reducía a actos de algunos malos compatriotas contra las autoridades de aquella cabecera, debe tenerse en cuenta que con toda claridad confesamos entonces que los detalles de la situación eran desconocidos, y que la acción de los rebeldes no había tenido las manifestaciones que posteriormente le dieron líneas fisonómicas o determinada filiación. Esas manifestaciones confirman la insignificancia política del suceso, pero fijan su carácter político y desvirtúan el que con tanto empeño le quieran asignar algunos. En concordancia con estos conceptos, debemos decir que los indios de Chichimilá, de quienes se decía que eran los más enconados contra el Sr. Regil, no han tomado en los sucesos, la parte que se dio en asignarles, y que muchos de ellos se negaron enérgicamente a las instancias de los cabecillas de la rebelión.
¿Cómo se explica entonces que entre los cabecillas estén figurando personas que se hacían pasar por amigos del Sr. Regil, aunque políticamente eran de opiniones contrarias? Si algún reparo pudiera hacerse al señor Regil, no sería extraño encontrar que hasta en la causa de éste, estuviera vinculada la perversa intención de alejarle la estimación pública, de quienes engañosamente se conducían como amigos suyos. Pero sea de esto lo que fuere, sea política o no la causa de la rebelión, ésta no puede ser más odiosa ni puede aducir en su abono siquiera la observancia de formas que la hagan conciliable, dentro de su carácter delincuente, con los sentimientos de honor y de humanidad y, por tanto, tiene y tendrá siempre la reprobación del público.

El Sr. Coronel Lara tomó posesión de la Jefatura Política de Valladolid, y el Juzgado de 1ª instancia, reanudó sus labores y abrió la investigación que requieren los sucesos que motivan estas líneas. A dicho Juzgado se han remitido las diligencias abiertas en Mérida por el Juez 1º del Crimen con motivo de la detención de Cesáreo Jiménez y Manuel Jesús Pool, quienes deben pasar también a ese Departamento, como presuntos responsables del delito de rebelión. El Gobierno del Estado ha recomendado a las Jefaturas de Valladolid y Espita, que forman el Departamento, que impartan a la autoridad judicial y al Ministerio Público, cuanto apoyo necesiten, y que les suministren cuantos datos juzguen pertinentes, a fin de que la inquisición se desarrolle dentro de las garantías constitucionales, aunque al amparo de la fuerza pública, libre del más leve obstáculo. Es de creerse, pues, que en breve terminará la investigación y sufrirán los culpables el condigno castigo.
La autoridad militar también trabaja, dentro de su competencia jurídica.
He aquí los dos oficios y los cuatro documentos a que se hace referencia:

Batallón de G.N.— Comandancia.Número 1.—  C. Gobernador: Tengo la honra de adjuntar a Ud. los documentos relativos al asalto y toma de esta plaza el día 9 del presente mes.
Tengo el honor de hacer a Ud. presente mi subordinación y respeto. Libertad y Constitución. Valladolid, junio 12 de 1910.— Coronel Ignacio Lara.

Batallón de G.N.— Comandancia.

Relación que manifiesta los individuos asesinados y heridos por los sublevados en la madrugada del 4 del presente mes.

ASESINADOS
Jefe Político, Luis Felipe de Regil
Sargento de guardia, Facundo Gil
Policía Municipal, Liborio Albornoz
Ciudadano Esteban Escalante
Ídem Fernando Cauich

HERIDOS
Soldado de G.N., Feliciano Caamal
Ídem               Id. José María Noh
Ídem               Id. Agustín Alcocer
Cabo               Id. Juan Santoyo
Ciudadano      Nicasio Canché
Ídem               Bernabé Chim
Ídem               Santiago Pool

Valladolid, junio 12 de 1910.— Coronel, Ignacio Lara.

BATALLON DE G.N.
COMANDANCIA

RELACIÓN que manifiesta el personal de muertos y heridos habidos en el asalto y toma de esta plaza, el día 9 del presente mes.

Muertos en combate
Sepultados en el cementerio de esta ciudad
6 individuos pertenecientes al 10º Batallón
38 ídem, id. a los sublevados

Sepultados por el enemigo en los caminos
40 individuos pertenecientes a los sublevados

84 total de muertos

Heridos en el combate

62 individuos inclusive dos Capitanes pertenecientes al 10º Batallón
8 individuos inclusive un Coronel pertenecientes a la Guardia Nacional
16 individuos pertenecientes a los sublevados
46 ídem sublevados que huyeron

132 total de heridos

Prisioneros

97 individuos sublevados tomados con las armas en la mano
22 individuos sublevados aprehendidos sin armas

119 total de prisioneros

Valladolid, junio 12 de 1910.— Coronel Ignacio Lara.

Batallón de G.N.— Comandancia.

Relación que manifiesta el armamento, correaje y municiones quitados al enemigo en el asalto y toma de esta plaza, el día 9 del actual.

2 Cañones de fierro de pequeño calibre
171 Fusiles de diversos sistemas
100 Cartuchos dinamita
13 Paquetes cápsulas
1 Rollo mecha
4 Bombas cargadas con pólvora
600 Cartuchos para fusil Remington
200 Barras de plomo
14 Arrobas balas de plomo

Valladolid, junio 12 de 1910.— Coronel Ignacio Lara.

República Mexicana.— Yucatán.— Jefatura Política de Valladolid.— Número 21.

Tengo el honor de adjuntar a Ud. el informe relativo al movimiento ejecutado por el Batallón de Guardia Nacional a mis órdenes, desde el 4 hasta el 9 del presente mes.
Tengo el honor de hacer a Ud. presente mi subordinación y respeto. Libertad y Constitución. Valladolid, junio 16 de 1910.— Ignacio Lara.
Al C. Gobernador del Estado.— Mérida.

República Mexicana.— Yucatán.— Jefatura Política de Valladolid.— Informe que rinde el que suscribe, de los movimientos ejecutados por el Batallón de Guardia Nacional a su mando, desde Mérida hasta Valladolid.
Día 4 de junio de 1910.— Salió de Mérida la primera Sección compuesta de un Coronel, un Capitán, tres Oficiales y setenta y cinco individuos de tropa. Se le incorporaron en diferentes puntos del trayecto varios grupos, habiendo llegado a Dzitás con quinientos hombres.
Día 5.— Salió el Batallón de Dzitás avanzando hasta Tinum, en cuya población se acantonó ya con seiscientos hombres.
Día 6.— Salió de Tinum rumbo a Uayma con el objeto de practicar un reconocimiento militar, y regresó el mismo día a acampar en la referida población de Tinum.
Día 7.— Salió el Batallón de Tinum rumbo a Uayma y Pixoy con el mismo fin de explorar el campo, y habiendo encontrado dos veces al enemigo, lo batió, hasta derrotarlo, regresando nuevamente a Tinum.
Día 8.— Salió de Tinum en unión del 10º Batallón de la Federación con dirección a Valladolid, llegando a esta ciudad a las cuatro de la tarde, y emprendiendo desde luego un combate con el objeto de reconocer las posiciones del enemigo. El combate duró tres horas, retirándose ambos Batallones a acampar en la estación del Ferrocarril.
Día 9.— Salió el Batallón en unión del 10ª Batallón a asaltar la plaza, la cual fue tomada a viva fuerza a la una del día. Todos los Oficiales y tropa del citado Batallón de Guardia Nacional se portaron con valor. El enemigo, en los cuatro combates, hizo una enérgica resistencia, y en esta ciudad de Valladolid tenía ocupadas las principales alturas y veinte y siete trincheras. El número aproximadamente del enemigo era de dos mil quinientos hombres. Los gritos subversivos que lanzó el mencionado enemigo fueron: “Viva el General Cantón” “Viva Delio Moreno Cantón” “Muera Muñoz Arístegui” “Muera Olegario Molina.”
Tengo el honor de adjuntar a Ud., varios documentos originales expedidos por los cabecillas revoltosos, que he recogido de diferentes personas.— Protesto a Ud. mis respetos.— Libertad y Constitución.— Valladolid, junio 16 de 1910.— El Coronel, Ignacio Lara.— al C. Gobernador del Estado.— Mérida.


Francisco Cantón

Enrique Muñoz Arístegui, gobernador interino del estado.

Olegario Molina.

De: Álvaro F. Salazar, Yucatán, Mérida, 1913.

Diario Oficial del Gobierno del Estado de Yucatán, 21 de junio de 1910, pp. 1-7.