|
“El Eco del Gobierno”
Y la cuestión de la servidumbre de los campos de Yucatán.
[Fragmento]
…
No es tampoco la primera vez que “El Eco del Comercio,” que lo mismo sirve para la defensa incondicional del gobierno, según se ufana en declarar, como para cualquier otro servicio; no es la primera vez, decimos, que nos sale al encuentro, y convencido de lo desgraciado de su causa, pretende suscitarnos enemigos, moviendo la gastada cuerda de una patriotería trasnochada y ridícula.
Obligados por las reiteradas exigencias e imprudente conducta de algunas personas que sólo sirven para desprestigiar la importante causa de los intereses agrícolas y atraer el descrédito y el deshonor a Yucatán, nos vimos en el caso esta vez de tratar la debatida y cacareada cuestión de la servidumbre en nuestros campos, procurando estudiar con el criterio sereno y honrada amplitud de miras que norma nuestra conducta, cuestión tan delicada y trascendente. Hemos hablado, como siempre, en términos generales, y fundándonos en antecedentes históricos y hechos reales, sin pretender hacer inculpaciones a todos los hacendados de Yucatán, entre cuyo honorabilísimo gremio existen, sin duda, muy honrosas excepciones. Pero, lo repetimos, no nos hemos referido individualmente a ninguno; no tratamos de inculpar, ni de lisonjear a nadie; hablamos en términos generales, y examinamos una cuestión de suma trascendencia para el porvenir agrícola, obrero y social de Yucatán, cada día en mayor peligro, por la sórdida ambición y cruel avaricia de algunos, por las complacencias interesadas y punibles de los gobiernos y por la inexplicable condescendencia e infame silencio de la prensa, llamada en todo el mundo a promover el adelantamiento y la regeneración de las sociedades.
Y de una vez por todas protestamos contra los viles procedimientos del Eco del Gobierno pretendiendo injustificadamente concitarnos odios, con la ofensa gratuita de que nos expresamos como lo hacemos porque no le tenemos cariño a Yucatán. Nuestro Director, es nacido en el Estado de Tabasco pero de padre yucateco y crecido y educado en Yucatán, en donde ha formado familia e intereses; y nuestro Jefe de Redacción nació y se educó en Yucatán, y el hecho de haber estado ausente de aquí algún tiempo, no quiere decir que desconozca o ignore lo que aquí ocurre; además, ¿no hace un año venimos estudiando y trabajando en todo lo que atañe al buen nombre, al porvenir y bienestar de Yucatán? ¿Qué clase de ciencia misteriosa es esa “de la organización del servicio agrícola” que nosotros no podemos entender? Afortunadamente no es el “Eco del Comercio” el que está llamado a dar carta de naturalización y ciudadanía, la sociedad de Mérida sabe a bien a qué atenerse en este punto.
Por lo demás, “El Eco del Comercio”, periódico semioficial y propiedad del acaudalado hacendado Sr. D. Augusto L. Peón, es el que menos autoridad tiene en la materia, pues es del dominio público que el Señor Lic. D. Olegario Molina y el Sr. D. Augusto L. Peón son los principales hacendados de Yucatán.
Nada tenemos que agregar con respecto a la carta del Iltmo. Sr. Obispo Mejía, porque una vez que “El Eco” ha publicado íntegra esa carta en que su ilustrado autor llama a D. Tomás Pérez Ponce, desleal, difamador o pasquinero y calumniador, queda evidenciado el motivo de haberle suprimido nosotros la parte conducente, de la cual no quisimos [ser] solidarios responsables, ni en un remitido. Nos consta sí, y así lo consignamos, el cariño que el Iltmo. Sr. Mejía ha demostrado siempre por Yucatán, y aún sabemos que llevado por ese amor a nuestra tierra y a nosotros, ha trabajado en distintas ocasiones por ser Obispo de Yucatán, todo lo cual le agradecen debidamente sus admiradores.
Dice “El Eco” que “El Peninsular” tiene apariencias de periódico serio, no sabemos lo que él entienda por periódico serio, pero nosotros nos lisonjeamos de no servir a ningún partido político (y El Eco ha servido a muchos), y de tratar todas las cuestiones con verdadera independencia de criterio, debido a lo cual el público nos dispensa su favor y podemos vivir sin subvenciones ni imposiciones bochornosas.
No creemos, como cierta prensa, que nuestra tarea deba reducirse a procurar a todo trance ocultar nuestros defectos y nuestros vicios sociales, por un mal entendido patriotismo o exagerado localismo; muy lejos de eso, nuestra norma ha sido y será siempre, empezar por apuntar nosotros mismos nuestros defectos para buscar sus causas y procurar los medios de corregirlos, eso es lo honrado y lo digno, esa es nuestra misión, y estamos resueltos a llevarla adelante; si por ello se nos odiara y se nos persiguiera, no faltaría un refugio cualquiera en donde poder continuar nuestra tarea y sostener con nuestra pluma nuestras convicciones, hasta llenar nuestros anhelos de felicidad y bienandanza para esta querida tierra yucateca, tan vilmente servida y engañada por quienes debían amarla algo más que a sus propios y ruines intereses.
…
EL PENINSULAR. Diario de la tarde, lunes 6 de marzo de 1905, p. 1.
|