Documentos
- - - - - - - - - - - - - - -
 
  Libelo difamatorio acusado por el c. Audomaro molina, ante el señor juez tercero de lo penal
- - - - - - - - - - - - - - -
 
  Carta abierta
- - - - - - - - - - - - - - -
 
  “El eco del gobierno” y la cuestión de la servidumbre de los campos de Yucatán
- - - - - - - - - - - - - - -
 
  Notas brillantes de la actual administración
- - - - - - - - - - - - - - -
 
  Por qué somos antirreeleccionistas
 
 
 
 
 
 
Documentos y Testimonios -----------------------------------------------------------
NOTAS BRILLANTES DE LA ACTUAL ADMINISTRACIÓN
 

Se aproxima ya el 1º de Julio, día en que se abre nuevo período de la Legislatura del Estado y en que, como es de ley, el Jefe del Ejecutivo rendirá su informe ante los Padres Conscriptos, referente al transcurso de su Administración en el lapso del 1º de Enero al 1º de Julio del presente año. En estos seis meses muchas son las cosas que han llamado la atención pública, relacionadas con la marcha Administrativa, y como quizás pudiera no ocupar lugar en el mensaje del Gobernador, porque la ardua labor de procurar su anticonstitucional reelección haya absorbido por completo toda su mollera, bueno es recordarles y hacer narración de esas “notas brillantes” que han acaecido, para que quizás teniendo publicidad sobrada, pues mucho ya se ha hablado de ellas, llamen la atención del primer Magistrado del Estado, que quizás en estos momentos esté imbuido en las doctrinas de mucha política y poca administración.
En realidad, de los puntos que ahora vamos a tratar ya se ha tratado mucho. Pero por lo mismo, cabe hacer obstinada mención de ellos para poner de manifiesto una vez más ese desprecio molinesco conque se ve todo lo que no tienda mas que a pedir justicia. No vamos a reseñar y comentar detenidamente todos los acontecimientos a que haremos referencia, pues nuestro únicamente principal objeto no es detallarlos al público que ya sobradamente los conoce, sino estar en espera de ver cómo los trata el Ejecutivo en su mensaje; pues de no mencionarse nuevamente (y aún mencionándose) llevan el riesgo de recibir el indiferentismo con que Molina se desentiende de todo lo que no tienda a perpetuarlo en el Poder, alentando sus torpes y antipatrióticas ambiciones.
Desde el día 1º de Enero del año en curso, hasta el 1º de Julio venturo, han llamado la atención pública muchos atropellos, muchas vejaciones al pueblo, serias y grandes calamidades traídas por el peso del Gobernador que no se ocupa más que de acaparar riquezas y deja las riendas del Estado en media docena de torpes lacayos, o familiares ávidos de venganza. Puede pues el Ejecutivo ocupar su atención en los puntos que ha de tocar su mensaje y buscar lugar preferente a lo que ocupa nuestra atención.
En el ramo de instrucción pública del que tantos inmerecidos elogios prodigó el diputado Castillo Rivas al contestar el mensaje del Gobernador el pasado 1º de Enero, cabe agregar la puerca comedia urdida contra los profesores del pueblo de Chuburná, bastante conocido ya de extraños; las persecuciones al honrado maestro de la escuela de Dzitás; la escatimación que se ha hecho a este maestro y a la profesora del liceo de niñas del mismo pueblo, de sus sueldos, etc., etc., y como una generalización de la materia, las numerosas poblaciones donde la luz del saber no se lleva porque no hay profesores resueltos a sacrificarse para verse luego recompensados con la más negra ingratitud de un Gobierno que se porta, como se portó con D. Bernabé Argáez y Milanés y su respetable Sra. madre, y como en estos momentos se porta el Presidente Municipal de Dzitás con el honorable profesor de la escuela de varones de esa población.
En el ramo de orden público puede citar el Gobernador las tropelías y asesinatos que con su circular famosa autorizó a cometer a la policía. Tropelías, crímenes todos ya conocidos del público de los cuales ante la sociedad tiene que dar exacta cuenta el autor de una circular tan poco meditada y tan mal interpretada, según las intenciones que se hayan tenido al escribirla. Infelices ciudadanos que han soportado las tristes consecuencias de semejante estupidez, que llevan sus cuerpos contusos, magullados y heridos, o que duermen el último sueño en el panteón general, piden al Gobierno cuentas estrictas de esos actos de bandolerismo que los hizo víctimas. Sobre este particular puede citarse algunos correccionales que de un modo ilegal han ido a cumplir sus arrestos, doblados las más veces, a la Penitenciaria “Juárez”, donde se les tiene ocupados en trabajos forzados, sujetos al régimen penitenciario, pues se les obliga a comer rancho porque no se consiente en ese establecimiento la introducción de comidas de fuera para los presos, se les priva de la libre comunicación, se les evita el fumar y el hablar y, en fin se les trata con rigor indebido que no se merecen por su condición de correccionales. Algunos de esos infelices han sido estropeados por la policía, sin que se sepa que los gendarmes delincuentes hayan sido puestos en manos de la Justicia.
En la administración de Justicia mucho hay que lamentar: el Juez Hernández es testigo de que ante su juzgado se han presentado acusaciones contra algún hacendado o algún empleado de hacienda cuyo delito merezca pena corporal y no se ha procedido a encarcelarlo, o contra un gendarme allanador de morada que ha quedado impune; el Juez Luis Mª Aguilar ante quien se presentó la acusación famosa contra Audomaro Molina, no hizo lo que la ley le ordenaba, sino lo que pudiera obedecer a alguna consigna o torpe complacencia; no se sabe el desenlace que la ruidosa cuestión de Xocchel haya tenido ante el Juez Gamboa Guzmán, tal vez porque el Juez consignado Lugo Ahumada sea pariente de algún secretario digno del Juez de que dependa. Hay algo así como un soplo de impunidad que se cierne en las antesalas de los juzgados para proteger a los grandes, mientras la fatalidad en forma de atropellos, con caracteres de violación constitucional alienta la apatía de un Hernández que hace dormir indefinidamente los sumarios activándose cuando se trata de atropellar periodistas; o la siesta de algún otro Juez que dilata los procesos por meses, para luego declarar absueltos a los que, víctimas del procedimiento, de la venganza, de la complacencia o tal vez de la explotación, permanece preso buen lapso de tiempo. Ya sabemos los procedimientos del Tribunal Superior prevaricando ante la excusa del Juez tercero del ramo penal acusado por los Sres. Pérez Ponce y Escoffié; ya es pública la coalición de los diputados ante la acusación que dichos Sres. Pérez Ponce y Escoffié hicieron contra la mayoría del Tribunal Superior (de Justicia?) ya vimos y palpamos y deploramos el peso que el hermano del Ejecutivo, el rico y poderoso propietario de Xcumpich ejerce en tribunales. ¿Cómo se atreverá el Gobernador Molina a llamar en su mensaje, esa armaza de complacencias e impunidades que reflejan la más completa prostitución de Justicia?
Y de los Juzgados de primera instancia de otros lugares del Estado, hay mucho que decir y que sentimos tener que omitir, por falta de espacio en nuestro semanario. Tal vez, ojalá así sea, no dé esto margen a figurarse que la Administración Judicial obra muy independiente de la familia Molina, porque si tal se pensara, solamente nos bastaría para desvanecer tal error, con fijar la atención en el lejano Juzgado de Tizimín que ha hecho encalabozar a algunos infelices acusados por el poderoso Audomaro dueño de Xcumpich.
En lo demás, veamos cómo se cierra un camino carretero que parte de Cenotillo pasando por la hacienda S. Nicolás; cómo en Acanceh no faltan jornaleros obligados a prestar el servicio de G. N. de un modo ficticio, para ocuparlos en la construcción de carreteras que conducen a alguna hacienda; cómo se persigue a los infelices indios prófugos de las haciendas, de lo que pueden dar buena cuenta los jornaleros Roberto Castillo y su compañero, últimamente exhortados de Tizimín como desertores de G. N.; etc., etc., y otras mil cosas cuyo relato sería interminable.

EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente, Antiesclavista y Antirreeleccionista, Época II, año II, núm. 45, 25 de junio de 1905, p. 7.