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Mérida, febrero 28 de 1905.
Sr. D. Trinidad Sánchez Santos.
Muy Sr. mío:
Remito a Ud. por correo de hoy y debidamente certificado un ejemplar del número 10 del periódico “Verdad y Justicia.”
Aunque no puedo invitarlo a Ud. para que venga a Yucatán, costeándole yo el viaje, pues no soy rico y explotador de infelices jornaleros, sí lo invito a que en prueba de imparcialidad, así como se sirvió usted publicar los cargos que me hace D. Audomaro Molina, se digne fijarse en mi defensa y publicarla igualmente.
Yo tengo la conciencia bien tranquila, porque he dicho la verdad como le consta a todo Yucatán, y estoy cierto de que en el curso de este asunto, dejaré perfectamente comprobado que existe la esclavitud en algunas fincas del Estado y especialmente en la de mi acusador. La verdad es una, y ella no está de parte del propietario de Cumpich.
No creo, estimado señor, que las influencias de los amigos de Molina en esa Metrópoli y la circunstancia de ser aquel correligionario de usted, de lo cual hace ostentación en su folleto, sean motivo suficiente para que un hombre de talento, ilustración y buen criterio que lo caracterizan, deje de oír a las dos partes, para fallar en justicia con entero conocimiento de causa.
Cuando escribí una correspondencia para el diario que tan acertadamente dirige, y tuve el gusto de remitírsela acompañada de una atenta carta, ignoraba que Molina había comisionado cerca de usted, al Sr. Rubio Alpuche, para desvirtuar los conceptos de la carta abierta de mi defenso, el desventurado Antonio Canché, a su injusto y malvado opresor.
Después me he enterado de esa circunstancia y a ella he atribuido que no publicara ud. dicha correspondencia ni se sirviera devolvérmela.
Ruégole que por la imparcialidad y el espíritu de justicia que todos reconocen en una persona de sus recomendables cualidades, se fije en mi defensa y publique de ella lo que crea conveniente, seguro del agradecimiento de su muy atento y S. S.
Tomás Pérez Ponce.
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal Independiente, Antiesclavista y Antirreeleccionista, Época II, año II, núm. 29, 5 de marzo de 1905, p. 2.
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