La otra mirada
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  El escándalo del día  
 
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  Una carta de d. Tomás Pérez Ponce al señor Sánchez santos  
 
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  Ataques a la negociación de “el peninsular”  
 
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  Más persecuciones a la prensa
 
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  La lógica de “el eco del comercio”  
 
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  Los gobiernistas perjudicando a la industria periodística
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  Actitud de la prensa periódica en la cuestión social de Yucatán  
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  La prisión del director de “verdad y justicia”.  
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  Atropellos a la libertad de imprenta  
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  Persecuciones contra “regeneración”  
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  Notas  
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  Que se prohíba pensar y escribir  
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La otra Mirada
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LOS GOBIERNISTAS PERJUDICANDO A LA INDUSTRIA PERIODÍSTICA
 

Los lectores que no se limitan a enterarse de lo que les hace saber uno solo de los órganos de la opinión pública o de la opinión del Gobierno, sino que tienen tiempo y oportunidad para enterarse de lo que dicen unos y otros, se habrán sin duda impuesto de los cargos que se cruzaron no ha mucho algunos colegas de esta Ciudad, entre los que figuró nada menos que el “Diario Oficial.”
Se trataba de que uno de los Diarios de Mérida echó en cara al “Eco del Comercio” su carácter de subvencionado y el periódico del Gobierno, el Diario Oficial, salió a la palestra con el fin de negar la existencia de la subvención y aparentando ignorar cosas que todos saben, y entender cosas que nadie entiende.
En efecto, dijo el de Palacio que no sabe si algunos particulares favorecen a esta o aquella publicación con fondos, a fin de propagar las ideas que son de su agrado. Nosotros creemos y con nosotros lo ha de creer toda persona sensata que no es posible que nadie en el mundo oficial ignore que se proporcionan esas sumas y que es al “Eco del Comercio” a quien se proporcionan, y que el objeto es no dejar al Gobierno sin ninguna defensa ya que toda la prensa independiente se ha mostrado hostil a la mayoría de los actos de la actual Administración, y ha disertado ampliamente sobre los motivos en que se funda dicha hostilidad. Y como quiera que el redactor del “Diario Oficial” pertenece al mundo oficial, y mucho más la persona que pudo ordenarle la publicación del artículo en que se impugna lo de la subvención al “Eco,” resulta que no se ha respetado la verdad como es debida, y sobre todo, como es debido en un periódico tan serio como cumple serlo el órgano oficial. Por tanto, causó gran extrañeza la afirmación de que se ignora que haya quien subvencione al “Eco,” por         que la gente de Palacio está muy al dedillo de la tal subvención.
Son igualmente censurables los pudores del “Diario Oficial” lo mismo que sus indicaciones porque finge entender que se ha dicho que de las cajas de la Tesorería sale la subvención, y es muy cómica la amenaza de exigir la prueba de ese aserto. En primer lugar, aunque no se pudiera probar, no sería imposible que tal cosa sucediese, porque los recursos de la contabilidad son inmensos y es lo más fácil que sin que aparezca asentada la partida en los libros de la Tesorería con el descarado nombre de “Subvención [para el] Eco”, se hiciera la erogación de alguna de las cien otras denominaciones que se pudieran prestar para el caso. Nosotros no aseguramos que así sea, pero desde el momento en que así puede ser, queda el alarde de pudor del “Diario Oficial” convertido en risible gazmoñería, indigna del papel que está llamado a representar.
Pero queremos conceder que no sea la misma Tesorería General o la Municipal la que haga el desembolso, cosa que no tenemos empeño en sostener porque para el uso es lo mismo. No se puede negar, y nadie lo ha intentado, que un reducido número de empleados públicos contribuye para cubrir los déficit del “Eco.” Ahora bien, esos empleados pagan esa subvención por cuanto que les conviene conservar algo de que aprovechan, y ese algo pertenece al pueblo en alguna de las múltiples formas que reviste la Administración de los intereses del mismo pueblo.
Supongamos que se trata de un funcionario que ayuda a pagar la subvención por cuanto que es hacendado y necesita a cada rato de los elementos de la Administración en figura de policía o de auxiliares municipales para aquello que se llama conservar el orden en las haciendas. Como quiera que esos elementos de que se aprovecha le cuestan el dinero del pueblo, es claro que el pueblo que es dueño de dichos elementos es el que en realidad paga la subvención del “Eco,” porque el aumento de las riquezas del mencionado funcionario ha derivado de los elementos que al pueblo le cuestan el dinero, dinero que se gasta para que aproveche el funcionario en sus negocios particulares y dinero que sale de la Tesorería. Luego al sacar ese funcionario el importe de la subvención del “Eco,” aunque parezca que lo saca de su caja fuerte, lo saca en realidad de la Tesorería porque ha necesitado utilizar en su beneficio elementos del poder que costea la Tesorería. Sólo que lo que aprovecha el pueblo en forma de poder e influencia que se paga en la Tesorería, vale mucho, muchísimo más que lo que desembolsa. Directamente o por rodeos, siempre será el dinero del pueblo el que se gasta en subvencionar periódicos que defienden a los empleados del pueblo, ya sea que la subvención salga directamente de la Tesorería para el periódico, ya que salga de la Tesorería para costear los elementos que utiliza en su lucro particular el que aparece subvencionando el periódico.
Lo que se ha dicho de los funcionarios que son ricos hacendados, es extensivo a los que hacen negocios y contratas con el Gobierno, a los que perciben gruesos sueldos por desempeñar trabajos de poca monta etc., etc. Siempre es el dinero de la Tesorería el que va a parar al periódico subvencionado por conducto de los que están en el Poder y se enriquecen con los medios que sostiene la Tesorería. Revísense los nombres que en público se indican como de las personas que costean la publicación del “Eco”, y se encontrará la comprobación de lo dicho en la circunstancia de que todas ellas sacan provecho de los elementos que pertenecen al pueblo porque al pueblo le cuesta el dinero; de que todas ellas pagan la subvención por cuanto que la perciben en una u otra forma de la Tesorería.
La defensa del “Diario Oficial” resulta, por tanto, cómica en lo de negar que de la Tesorería salgan los recursos de que vive el “Eco”. Resulta vituperable en lo de asegurar que no sabe si algunas personas subvencionan dicho diario, porque es muy raro que lo sepa el público y lo ignore el periódico de Palacio en donde están los mismos subvencionadotes. Y resulta indigna en lo de afirmar que ignora si algunos empleados públicos defienden al gobierno en las columnas del “Eco”, cuando ocasiones ha habido en que hasta pongan sus firmas al pie de sus escritos.
Menos mal si se hubiera limitado a negar sencillamente que la subvención del diario oficioso sale de la Tesorería y a afirmar que cualquiera puede convencerse de que en la contabilidad de esa oficina no aparece tal erogación: ese, al menos hubiera sido un golpe para desorientar a muchos. Hubiera estado en su papel defendiendo a la Tesorería: pero se ha salido de madre y se ha comprometido poniéndose a defender a los subvencionadotes del “Eco”. Esto no le incumbía y sólo ha servido para que muestre el cobre.
En fin de cuentas se tiene que con los elementos del gobierno o por los elementos del gobierno, se está haciendo una competencia injusta, abusiva y desleal a las demás empresas periodísticas que existen en Mérida.
Los que explotan el poder y los recursos sostenidos con los fondos públicos: los que se enriquecen disponiendo de lo que al público pertenece, están empleando esas riquezas para causar daño a empresas honradas que buscan con sus esfuerzos legítimos el favor del referido público y no tienden a halagarlo para favorecer bastardos intereses personales, con el fin de levantar el campo, una vez llenado el objeto de defender propósitos que son tan dañosos a los intereses del pueblo en general, como provechosos a los intereses de los que medran a la sombra del poder.
Menos odiosa es la conducta de aquellas administraciones que cometen la censurable debilidad de invertir una parte de los recursos públicos en cohonestar sus actos atacados por la prensa independiente, que las de los que hipócritamente repiten en todos los tonos que no hay subvenciones, y las hay, aunque por tabla, si se nos permite la expresión, y se las pretende cubrir con el manto de una empresa periodística que no sólo lesiona los intereses del pueblo sosteniendo fines impopulares, sino que se encamina a deteriorar empresas independientes, atentas al bien general y fundadas en los cimientos de toda empresa decorosa. Los subvencionadotes del “Eco” proceden como los grandes organizadores de sindicatos extranjeros que bajo el pretexto de favorecer al consumidor, bajan los precios para quedarse solos y luego imponerse y despojar. La fortuna es que los tiempos están malos para los farsantes que hacen de los recursos del pueblo una mina propia, porque el pueblo ya conoce quienes [son] sus verdaderos amigos y servidores y quienes son despojadores y tiranos.

EL PUEBLO YUCATECO. Periódico Quincenal de Política y Variedades, Año I, No. 1, 15 de Abril de 1905, p. 4.