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Llevados ante el juez Ignacio Hernández, los Sres. Tomás Pérez Ponce y Carlos P. Escoffié Z., nuestro Director, por la infundada acusación que presentó Audomaro Molina Solís, hermano del Ejecutivo del Estado; presos dos hombres honrados, procesados injustamente, por delitos supuestos, o mejor dicho por complacencias y abusos, removióse la cuestión social de nuestro Estado, quedando suficientemente comprobada la existencia de la esclavitud en la generalidad de las fincas de campo, se ha deducido que un grupo de hacendados se asemeja sobradamente a los encomenderos de los tiempos coloniales; que en las fincas de los aludidos el indígena es víctima de la avaricia desenfrenada del amo, teniéndose como bestia sujeta a ignominioso yugo, condenada a gastar sus sudores en beneficio únicamente del “señor feudal” a quien pertenece.
La prensa no podía permanecer indiferente a cuestión de tanta trascendencia, como era comprobar la ignominiosa esclavitud de una raza digna de consideración, humillada, vejada y maltratada; perseguida injustamente y próxima a desaparecer bajo la férula de hacendados déspotas que la extorsionan y explotan desconsideradamente. La prensa honrada y digna, no sólo del Estado de Yucatán, sino también del interior de la República, exhibió la asquerosa gangrena social que corroe la tan decantada civilización que se dice existe en esta pobre entidad federativa, opresa y vejada política y socialmente por el grupo esclavista, que dispone del hombre de campo a la medida de su antojo. Hasta en el extranjero ha sido dignamente censurado ese salvaje maltrato y llenos de santa indignación se han levantado los periodistas mexicanos de allende las fronteras, en defensa de sus conciudadanos. La ridícula defensa que del pelotón esclavista han hecho los lacayos del autócrata de Yucatán, ha sido vigorosamente combatida con toda honradez y no ha dado más remedio a los escritores alquilados para adular, que optar por una vergonzosa retirada.
Aquí, “El Peninsular,” honrado diario de importancia, ha levantado el grito contra los destructores de la raza maya y ha visto sus intereses combatidos con hipócrita jesuitismo, ya viendo retirarse a sus anunciadores, ya notando cómo se suprimieron de la nómina de sus lectores suscritos, muchos hacendados y empleados, tal vez poco afectos a leer verdades poco amargas para ellos; “Verdad y Justicia,” honrado semanario de combate, del que es redactor el Sr. Pérez Ponce, preso en la Penitenciaria, se ha visto calumniado por el papasal gobiernista, como también por los aduladores del esclavista, siendo sus oficinas visitadas sin motivo legal, por el Juez Ignacio Hernández, sediento de enterarse de originales, ávido de poner leyes privadas a las Redacciones de periódicos, y sus redactores han sido perseguidos por la policía secreta; nuestro semanario que desde hace dos años viene arrancando la máscara a los politiqueros, se ha visto también amenazado: los “chatos” han dirigido su espionaje sobre nuestras oficinas, tal vez esperando un momento oportuno para atropellar y empastelar nuestra imprenta, sin que por eso hallamos dejado de tener el gusto (?) de honrarnos (!) haciéndonos visitas el Juez Hernández. Nada puede hacer callar a la prensa honrada: ni las persecuciones, ni las amenazas, ni las prisiones e inicuos procesos, ni toda la avalancha de ultrajes que se dirijan sobre el hombre digno, ya sea desde las inmundas sacristías de una arruinada Diócesis, ya desde la pocilga de algún periodiquero chantajista.
Las palabras de la prensa yucateca han encontrado eco en las redacciones de periódicos honrados de la Metrópoli, como el “Juan Panadero,” “El Tercer Imperio,” “El Colmillo Público” y otros paladines de combate que con energía han sabido comprobar lo que desde hace tiempo dejaron asentado “El Universal,” “El Clarín de Oriente,” “El Paladín” y otros más que sería largo enumerar; y si se pretende hacer creer que la oposición es la que solamente ha hecho arma de esa terrible verdad que se llama esclavitud en Yucatán, fácilmente podrá comprobarse que eso no es cierto, puesto que periódicos tan reposados e imparciales como “El Tiempo,” muy acreditado diario de la República, comprueba la existencia de esa llaga mal disimulada durante mucho tiempo y protegida y acrecentada durante el funesto período de Molina en el Poder.
Aún más allá de la frontera la verdad tenía que prevalecer. La prensa honrada no puede ser indiferente a los sufrimientos de una raza oprimida, ni puede permanecer impasible ante la explotación desmedida del hombre por el hombre; una ley de mutua protección, un sentimiento elevado de humanidad tenía que encarnar la santa ira de los periodistas de vergüenza que, perseguidos y maltratados por los tiranos, tuvieron que buscar no un refugio contra la guerra rapaz y cobarde que se les hiciera, sino una garantía a sus propiedades mermadas por la rapiña: por eso la opinión de estos periódicos es respetable y de gran importancia. “Regeneración” ha sido el primero en denunciar a la faz del mundo, la existencia de ese crimen de lesa humanidad que se llama esclavitud. La raza indígena, el hombre explotado por el mercader de carne humana, reducido a esclavitud por el encomendero, que para esa su obra se asocia a frailes como el obispo de Tehuantepec escarneciendo al indio acribillado de vejámenes y atropellos por las autoridades, pero que encuentra en las columnas de “Regeneración” una defensa hermosa, honrada, desinteresada; un evangelio de sus padecimientos.
“Regeneración” ha exhibido las más hediondas úlceras de los tiranos; ha flagelado con mano enérgica el rostro de los verdugos de la raza maya; ha sabido apreciar en lo que vale al pobre indio que consume su existencia, tostándose la piel desnuda, bajo los abrasadores rayos de nuestro sol tropical, en medio de los campos henequeneros. Ha hecho la defensa de los legítimos hijos de esta hermosa tierra americana, reducidos a la más oprobiosa ignominia por los degenerados de razas viciosas que prevaricaron sobre el nuevo Continente; ha enaltecido al hombre, al mexicano, al yucateco, víctima de explotadores negreros; e indignado por la rapacidad de los detentadores del derecho humano, defiende también con bríos y energía los fueros del deber cumplido rigurosamente sin temor a nadie, por los Sres. Pérez Ponce y Escoffié, acusados sin motivo, procesados sin razón, encarcelados sin justicia.
El semanario “1810” de Laredo (Texas,) también ha protestado contra la inicua causa que se forma a dos hombres honrados, reducidos a bartolinas por haber cumplido un deber de humanidad.
Y otros muchos más periódicos que fuera extenso relacionar ya de los Estados de la República, ya de naciones amigas, órganos todos de la prensa honrada, suficientemente autorizados, han protestado también.
¿Qué quiere decir, pues, todo esto? Que la razón asiste a los perseguidos, que han cumplido como buenos hijos de la patria por lo que hasta las húmedas celdas de la Penitenciaria debe llegarles los aplausos, la gratitud y las bendiciones de los muchos desgraciados a quienes defienden, sin que basten a detenerlos todas las torpezas de un mal Gobierno, todas las amenazas del grupo de esclavistas. Y esa razón poderosa que les asiste arranca el antifaz a los verdugos del hombre, y los señala, los exhibe ante la sociedad que sabrá marcarlos con el eterno estigma de la infamia.
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal Independiente y de Caricaturas, Abril 30 de 1905, pp. 2-3.
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