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Ultrajes a las garantías constitucionales.
Una víctima más de Audomaro Molina.
El rico y poderoso propietario de Xcumpich, el nunca bien exhibido D. Audomaro, hermano del Ejecutivo, ha presentado ante el ya tristísimamente célebre Juez Hernández, escrito de acusación contra nuestro colega “Verdad y Justicia”. El citado juez en vista de aquella acusación nada razonada por cierto, pero presentada por un Molina, se apresuró a cometer nuevos actos de violencia, ultrajando sobradamente con ellos el art. 7 de nuestra Carta Fundamental.
El Sr. José A. Vadillo, Director del colega acusado, fue reducido a prisión por el mismo juez en persona, que fue a sorprenderlo, mientras tranquilamente trabajaba en sus oficinas, en la mañana del lunes 5 de los corrientes.
Ya son tres los periodistas encarcelados de orden de Audomaro Molina; ya cuenta con una nueva víctima la psicología puesta en manos del juez Ignacio Hernández, apto únicamente para esta clase de tropelías. Ya D. Audomaro podrá bailar de gusto porque ha visto que sus pretensiones se colman con detrimento de toda ley y de toda garantía, y mientras el juez Aguilar ordena el sobreseimiento de la acusación presentada por D. Tomás Pérez Ponce contra el propietario de Xcumpich, el juez Hernández da entrada a una nueva acusación que dicho propietario de Xcumpich formula contra el periodista que ha cumplido con su deber.
Los reeleccionistas, los esclavistas, todos los partidarios de la burocracia molinista, estarán relamiéndose de gusto, al contemplar las hazañas del más complaciente de los jueces. Pero no crean que por eso consumarán sus criminales propósitos, pues aunque se encarcele a los periodistas independientes que nos ostentamos enemigos de la reelección y que protestamos contra los ambiciosos proyectos de los que quieren eternizarse entronizados en el Poder, la caída de Molina es inminente y su pandilla tendrá que emigrar del presupuesto para ir a merodear “peseteando” por los alrededores de la plaza principal.
Lo que acusa Molina como una injuria es algo que es del dominio público; así pues sí a todos los que tal piensen quisiera Molina que se encarcelase, para poder dar cabida a tantas personas cuantos por ello fuesen atropelladas por el juez Hernández, necesidad habría de hacer una nueva cárcel especialísima, de extensión inmensa, pues sólo así podría ser suficiente para contener a todos los que así piensen de Molina.
El caso de José de la Rosa Kú, motivo de la acusación de Molina contra el Sr. Vadillo, es del dominio público, por lo cual no es publicación de nada nuevo ni extraño; pues es hasta positivamente cierto que los abusos denunciados en tal párrafo, fueron presentados ante el juez Luis Mª Aguilar Solís, por D. Tomás Pérez Ponce, en forma de acusación bien fundada. El juez Aguilar Solís ha sobreseído, es cierto, por causas ilegales de fácil comprensión, pero el sobreseimiento no es una absolución y por consiguiente el nombre de Molina está en tela de juicio ante la sociedad que sabrá dictar su fallo. ¿Cómo es pues posible que el juez Hernández encuentre fundamento legal para dar cabida a la acusación presentada por Molina contra el Sr. Vadillo, cuando la justicia no ha puesto en claro la inocencia del acusador, de los delitos que se le imputan?
El código nos manda denunciar los delitos, y si en cumplir con ese deber sagrado da por resultado atropellos de tal naturaleza, resultan las garantías que nos conceden las leyes, fábulas, mentiras, ilusiones que se desvanecen ante las psicológicas interpretaciones que se hacen del Código Penal. En tal caso toda noticia, toda publicación que hace la prensa, de escándalos, crímenes, etc., etc., dando a la luz pública el nombre de los protagonistas de cada uno de esos dramas, comedias o sainetes, es una campaña de difamación; entonces se debe prohibir escribir, se debe prohibir publicar, se deben destruir las imprentas, porque la difamación es inmoral. Pero solo así se interpreta el Código cuando el juez es un Hernández y el acusador un Molina.
Sirva de honra a la actual Administración el tener ya en los antros de la bastilla yucateca a tres periodistas independientes y liberales. Y estas tropelías, estas aberraciones, sirvan para nota del mensaje que el próximo primero de Julio rendirá el Ejecutivo ante el Congreso, al tratar de la libertad de imprenta.
¡Será siempre el mejor laurel de D. Olegario!
¡Será siempre la más hermosa campaña de Hernández!
¡Será la mejor vindicación del propietario de Xcumpich!
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 44, 18 de junio de 1905, pp. 2 -3.
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