La reelección del gobernador del estado.
¿Será exceso de ambición?

En la sesión que el lunes 19 de los corrientes celebró el Congreso del Estado, la Comisión de Puntos Constitucionales y Gobernación, compuesta por los Diputados Dr. José Patrón Correa y Licdos. Ramón Peniche López y Arturo Castillo Rivas, presentó su dictamen favorable acerca del proyecto de Constitución Política indicada por el Ejecutivo, con una adición referente a reformar el art. 36, respecto a que el Gobernador del Estado podrá ser reelecto para otro período administrativo, y hasta para un tercero, después de que, pasado el segundo, transcurran tantos años cuantos forman un período.
La iniciativa, como bien se sabe, vino del Jefe del Ejecutivo, Sr. Olegario Molina y, como estamos acostumbrados a ver que la Legislatura jamás contradice los deseos de este alto funcionario, no nos llamó la atención el favorable dictamen emitido. Y desgraciadamente para el país, esa reforma que quizás revela el colmo de la ambición, puede ser aprobada, en tal caso, en el próximo período de sesiones de la misma Cámara que ahora funge, antes que termine el luctuoso período del Sr. Molina, pues en el eterno afán de reformas y más reformas, el art. 112 de la Constitución, que ordenaba que esas iniciativas las aprobara o reprobara el siguiente Congreso, ha sido reformado en el sentido de que puede hacerse en el siguiente período del mismo.
No es la primera vez (y ojalá fuera la última) que proposición de tal naturaleza se hace en el Congreso y entonces se supieron destruir todas las fútiles argumentaciones que se buscaron para querer dar la vida a lo que constituiría el principio de pérdida de la libertad del pueblo. Un gobernante no debe perpetuarse en el poder. ¿Por qué se había de perpetuar, si no por desmedida ambición que intentara saciar, sacrificando el bienestar de sus conciudadanos?
El paso que se pretende dar es un señalado signo de retroceso y es necesario combatirlo.
D. Olegario Molina ha dejado entrever con su propuesta al Congreso los grandes deseos que tiene de continuar en la silla gubernativa, de la cual bajará colmado de impopularidad y llenado de censuras por los actos que, fuera de toda ley y en perjuicio público, se han llevado, en su luctuoso período, hasta el terreno de los hechos, en medio del mayor escándalo. Podría ser la tal propuesta una prueba de los deseos del Sr. Molina, y podría cooperar con ella el artículo o artículos alabanciosos que los órganos clericales en México han prodigado al Gobernador viajero: “El Tiempo” que jamás se había ocupado de la labor administrativa del Sr. Molina, quizá porque la desconoce, acaba de proponer que sea reelecto, como única solución a la crisis porque atraviesa el Estado de Yucatán. Más adelante combatiremos esta opinión por parecernos demasiado inmoral y hoy, sólo diremos del referido artículo que pudo ser una obra del “chantaje” a que el aludido diario católico está acostumbrado, pues coincide su publicación con la estancia del Sr. Molina en la Metrópoli, y bien pudo ser que alguno de sus aduladores remitiese el original a dicha publicación, adjuntándole algún billete; o tal vez el mismo Sr. Molina, por interpósitas manos, lo haya hecho salir a la luz pública, remunerando con cuantía tato al escritor alabancioso como al periodista tan poco escrupuloso que, sin conocer la situación política del país, se atreve a proponer lo que sería inevitablemente el más grande de los perjuicios que pudieran recaer sobre Yucatán.
La H. Legislatura del Estado al hacer la tal proposición obedeciendo, o cuando menos satisfaciendo la voluntad, o los deseos del Ejecutivo, escribe un renglón más en la lista de hechos que, como la creación del Territorio Quintana Roo y la ley de 14 de Octubre de 1903, han disgustado profundamente al pueblo yucateco.
¡Quan republicam habemus! ¡Oh, tempora! ¡Oh, mores!
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 6, 25 de septiembre de 1904, pp. 2 -3.
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La reelección del Sr. Molina.
Consideraciones
No hace muchos días, un diario local, en su servicio telegráfico, nos endilgó la noticia de que, en la Metrópoli, los amigos del Sr. Molina, actual Gobernador de Yucatán, desean que este señor sea reelecto en el elevado puesto que ocupa; pero que D. Olegario no quiere, después de terminado su período, tener en sus manos, un solo minuto más, las riendas del poder.
Bien se conoce que esos señores amigos de nuestro Gobernador, están en la Capital y que, por lo tanto, no pueden apreciar de cerca la densa atmósfera formada en rededor del Sr. Molina; atmósfera de impopularidad y, hasta tal vez de adversión, que él se ha hecho, a la tutela con que, durante su poder, nos ha favorecido, tratando a todos como a menores de edad, y al excesivo rigor con que se han llevado a cabo, ciertos y determinados asuntos. Muy largo sería delinear las labores gubernativas de D. Olegario, y si tal hiciésemos, solamente tendríamos que ir repitiendo todo lo que ya hemos dicho sobradas veces y que de sobra conocemos los que vivimos en Yucatán; los que sentimos sobre nuestros lomos el recargo de onerosísimas contribuciones y que, si levantamos la vista, en demanda de misericordia, vemos suspendida sobre nuestras cabezas la espada de Damocles del rigor, de la severidad y de la opresión ruda y brutal, que se siente, se palpa y que no deja de existir aunque vayamos pisando asfalto, aunque se yergan hacia el Poniente hospitales y asilos.
Los amigos de allá (que serán muy pocos) podrán querer la reelección, porque de ese modo podrán seguir disfrutando de la generosidad de un gobernante que no presentaría obstáculos para llevar a cabo hasta la creación de un nuevo Territorio Federal, si tal se quisiese hacer; y los “amigos” de acá pues querrán la reelección para seguir disfrutando del pan del presupuesto, del favoritismo que obtienen, gracias al servilismo y la adulación, única manera que encuentran para vivir.
Pero es el caso que, D. Olegario, según se dice, según se cuenta (que no pasará de ser cuento) no quiere ser reelecto Gobernador del Estado, con lo cual los amigos del elevado personaje se ven desairados.
Todas estas cosas me recuerdan aquel refrancillo, muy viejo y muy cierto, que dice: “quien habla mal de la pera, tragársela quiere entera,” pues tal vez D. Olegario se dé tanto a chiquear, porque tenga muchas ganas de quedarse en la silla otros cuatro años. Y eso nada de particular tendría, pues bien sabemos que si el Sr. Molina está en el poder es simplemente por hacernos un favor (?) por prestarnos un servicio (¡) (gratuito, por cierto) del que no cobra ninguna utilidad, pues hasta dona de magnanimidad. Pero esto y mucho más, no sería obstáculo para que, efectivamente D. Olegario sienta en su interior, algo así como un cosquilleo, como una tentación, como un deseo de seguir siendo gobernador, aunque por sus labios broten palabras que expresen todo lo contrario, pues tal vez estas palabras nazcan de un colmo de orgullo, de un exceso de ambición, o de una abundancia de altanería; para demostrar a sus amigos, que tanto y por tan diferentes motivos desean su reelección, que, si a ella llegase será por sus propios méritos; por sus propias fuerzas; por su verdadero valor y no por las gestiones que aquellos puedan hacer por él.
¡Sublime situación! Heroico valor del Sr. Molina. Así se alcanza la gloria por mano propia y si D. Olegario llegase a ser reelecto gobernador del Estado, cosa que es en estos momentos lo más fácil de conseguir, no se lo deberá a nada más que a su omnipotente voluntad; pues, aunque el Congreso sea el que tal cosa disponga, ya uno de los mismos Diputados ha dicho que los empleados están en sus empleos, por favoritismo del Gobernador, y por lo tanto, son autómatas de esa voluntad autocrítica.
Los amigos de D. Olegario, de allá y de aquí y hasta él mismo, pueden querer que sea el tal señor reelecto como gobernante, pero eso no quiere decir nada contra la suprema voz del pueblo. El voto popular, el verdadero voto popular, está contra esa reelección que sería la más grande mofa a nuestros principios democráticos. El pueblo yucateco sabe apreciar al Sr. Molina en lo que vale y sabe el lugar que a dicho señor corresponde entre la lista de mandatarios que ha tenido el Estado; sabe también lo que se ha hecho de su libertad, lo que se ha hecho de sus garantías, lo que se ha hecho de sus sudores, de sus afanes, de sus desvelos, y, a pesar de todo, no quiere, pues así consta en la conciencia pública, que el gobierno de D. Olegario se repita; y si no ha demostrado aún sus opiniones y si se ha resignado por de pronto, no es porque esté acobardado o indiferente, es porque medita el fallo, la solución del problema de su felicidad.
¿Qué D. Olegario no quiere salir reelecto? Hace bien en no querer. Si esto es verdad, será lo único bueno que haya hecho en su luctuoso período.
Mal haría en oponerse a esa voz que clamara, que marcará un hasta aquí; mal haría en obstinarse, en aferrarse, en asirse con toda su voluntad a contrariar el cauce de ese río que se empieza a desbordar… Allí la fuerza podrá colocar un dique, o un rompeolas y la acción se verá burlada; pero ¿quién contendrá el fallo de la opinión pública?
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 9, 16 de octubre de 1904, pp. 2 -3.

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Otra vez la reelección
Rumores y comentarios
Nuestros apreciables colegas “La Revista de Mérida” y “El Combate,” han empezado a dar a conocer lo que con mucho acierto llaman el viejo juego de la política.
En el pueblo de Oxkutzcab se ha comenzado a recoger firmas para pedir a la Legislatura que apruebe la famosa reforma del artículo 6º tendente a la reelección, y como no hay sermón sin Agustín, no hay tendencia reeleccionista que no parta de la desmedida e inmoderada ambición de los que estando en el Poder, pretenden perpetuarse en él, y es claro, se está recogiendo firmas para apoyar la dichosa, ponderada y todo lo que se quiera, pero inconvenientísima e impopular reelección del hombre de las finanzas, célebre por la erección del Territorio “Quintana Roo” con cerca de las dos terceras partes del antiguo suelo de Yucatán, regado con la sangre de aquellos héroes que en 1849, supieron reconquistarlo palmo a palmo.
En Kinchil, un Diputado ha puesto en movimiento al elemento oficial con el mismo objeto, y en otras poblaciones del Estado se trabaja activamente en el propio sentido.
Naturalmente, todo el mundo sabe ya a qué atenerse en eso de recoger firmas con un fin político, pues nadie va a tomarse la molestia de verificar la ímproba tarea de comprobar su autenticidad o de escudriñar en que registro de nacimientos y de defunciones fueron tomados los nombres que aparecen en las actas aparatosas que consignan el inmenso amor de los pueblos por determinado candidato.
Lo que sí no es preciso escudriñar, porque salta a la vista, es que de un extremo al otro de nuestro Estado se ha recibido con grande y positivo disgusto la pretensión de los gobiernistas en orden a darle a D. Olegario el gustazo de continuar en la elevada magistratura que hoy por desgracia desempeña.
Porque es indudable que D. Olegario, permítasenos la comparación vulgar, pero exacta, como el caracol en su concha, así se encuentra en el Poder que ama sobre todas las cosas que ha perseguido durante muchísimos años y que no dejará fácilmente, por su espontánea voluntad, ahora que lo tiene entre sus manos.
Con fundamento de lo que se conoce de su carácter, de sus antecedentes y de su modo de ser, es creencia general que no sería capaz de bajar de tan alto puesto, con el noble desinterés de su inolvidable antecesor el popular y digno Gral. D. Francisco Cantón, uno de los muy pocos gobernantes de Yucatán que no han pretendido reelegirse.
Y lo más curioso del caso es que los molinistas o corifeos de la reelección aseguran contar con el asentimiento del Sr. Gral. Díaz y que sólo para llenar la forma ocurren al gastado y ridículo expediente de la recolección de firmas.
Ignoramos lo que haya de cierto sobre este particular; pero de todos modos, si la reelección cuenta con el apoyo del Sr. Presidente de la República, según por todas partes lo aseguran los politicastros de la actual Administración que quieren seguir medrando a la sombra de D. Olegario Molina, es sin duda alguna, porque el Gral. Díaz está en la errónea creencia de que el pueblo yucateco aceptará ese gobierno por otros cuatro años, en virtud de que cuenta con el pueblo el actual Jefe del Ejecutivo. Cuando llegue a convencerse, como se convencerá, de que precisamente es todo lo contrario, dejará que el voto público decida la suerte del Estado, y entonces, el Sr. Molina, tendrá que retirarse a la vida privada por muy encariñado que se encuentre con las grandezas del Poder y las dulzuras del mundo.
Y que el Gral. Díaz se convencerá, no cabe dudarlo, porque el Estado en masa, que hoy protesta contra el malhadado proyecto de los “perpetuistas,” cuando llegue la hora, se levantará en oposición resuelta y formidable, que aún le quedan alientos y conoce todavía su dignidad y decoro.
No importa que se desaten las persecuciones, que las puertas de la cárcel se abran para los periodistas de oposición y para todos los que de manera principal y directa, osen acaudillar el empuje antirreeleccionista. No importa que se amenace con la arbitrariedad, al promulgar un Reglamento en que para mandar soldados a los batallones federales, el Ejecutivo, esencialmente tiránico y centralizador, tiene carta blanca.
También dicen los perpetuistas que nada hay de extraño en que se pretenda la reelección de Molina, por una sola vez, si D. Porfirio ha sido muchas veces reelecto; como si aquel pudiera alegar los títulos de gloria y los talentos de un estadista distinguido como el Sr. Presidente, no obstante cualesquiera defectos que se le puedan señalar.
Afirman los gobiernistas que a D. Porfirio le agrada extraordinariamente el actual gobernador, porque en su administración se han impuesto contribuciones múltiples y considerables que llevan a las cajas de la Federación bastante dinero por concepto de la porción destinada a esas cajas, y también miran en esa circunstancia un apoyo en favor de su proyecto.
Todo ello podrá ser, pero, lo repetimos, el Presidente de la República no acostumbra violentar la voluntad de los pueblos, y con su clara inteligencia sabrá tomar en la próxima contienda electoral, el camino del deber y asumir la actitud que corresponde a su alta investidura de primer Magistrado de la Nación.
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 18, 18 de diciembre de 1904, pp. 2 -3.
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La reelección ante el Congreso
Por fin, como habíamos dicho, resultó cierto y muy cierto que se andaba por los pueblos recogiendo firmas para pedir al Congreso la aprobación de la famosa reforma del artículo 6º de la constitución local. El presidente de esa corporación nos acaba de revelar en su contestación al mensaje del gobernador Molina, el día primero del actual, que existen peticiones en ese sentido y agrega que Molina debe ser reelecto como una prueba de gratitud que siente el pueblo yucateco por los muchos beneficios que le debe.
Si esos beneficios son como el de haber contribuido tan eficazmente a la desmembración del territorio del Estado, de sujetar a la Ordenanza del Ejército a los indios y mestizos que sirven en la Guardia Nacional, y sin ningún motivo para ello, expedir el censurado Reglamento de Sorteos, ya estamos al cabo y acusamos recibo de tan grandes bienes, declarando que es inmensa, muy inmensa nuestra gratitud.
Ahora vamos al fondo del asunto: El Presidente del Congreso, Lic. Arturo Castillo Rivas, fue Oficial Mayor, resultó “electo” Magistrado del Tribunal Superior y es Diputado al Congreso; esto es, D. Olegario lo ha hecho todo y más que lo hará todavía. El hermano de D. Arturo, o sea Roberto Castillo Rivas, es secretario particular del gobernador, Contador Mayor de Hacienda y regidor del H. Ayuntamiento.
De manera que nada tiene de extraño que D. Arturo, D. Roberto y toda su familia aspire a la reelección de D. Olegario, supuesto que es su querido protector.
He allí porque el Presidente del Congreso, creyéndose pueblo yucateco, nos habló de esa gratitud. Claro, es la gratitud que reboza en su pecho y se tradujo en ditirambos al gobernador cuya reelección desea ardorosamente.
¡Vaya si la desea!
Pero Yucatán, agotado y exhausto ya por las enormes contribuciones que lo empobrecen y aniquilan, opina que no debe haber reelección, y no la habrá.
Yucatán, que es víctima de una plutocracia monopolizadora y absorbente; Yucatán que gime bajo el yugo vergonzoso de la familia aquella; Yucatán que se ha convertido en finca de esa terrible plutocracia; Yucatán que no ha perdido la dignidad de los pueblos libres; Yucatán entero, protesta contra las declaraciones de Castillo Rivas, protegido de Molina, y RECHAZA LA CANDIDATURA del hombre de los monopolios, para ocupar el poder por otros cuatro años.
Ya; ya lo sabemos; no obstante que hace mucho tiempo viene diciendo D. Olegario que no quiere reelección, que se siente ya muy cansado de sus arduas labores, etc., etc., en el fondo no desea otra cosa.
Así pasó antes de que subiera al Gobierno: que no quería, que estaba enfermo, que era mucha carga para sus débiles hombros y hasta resultó curado de todas sus dolencias el día en que tomó posesión de su elevado cargo.
Mas hoy no comulgaremos con ruedas de “molina” y sabremos oponernos enérgicamente y a tiempo, a ese abarcamiento de poder, realizado por el hombre que antes había abarcado casi todos los negocios y todavía quiere prolongar su dominio.
No quiere el pueblo reelección; no la quiere, y sabrá hacer respetar su voluntad en los próximos comicios.
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 21, 8 de enero de 1905, p. 2.
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