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LOS BARBEROS DE OLEGARIO
 

D. Olegario, creador.
La barba a cuatro manos

Los científicos barberos son capaces de asegurarnos cualquier día que los pericos maman y que este progreso se le debe a D. Olegario.
Algo más gordo hicieron ya al asegurar desde las columnas de “El Eco del Comercio” (no sabíamos que D. Olegario se llamara Comercio) que estamos empezando a tener policía en Yucatán y que antes no la teníamos.
No sabemos cómo D. Olegario tolera cerca de él a semejantes aduladores que lo ponen en ridículo, porque esa barbaridad (derivado de barba) tiene que arrancar una carcajada de burla hasta al más ruin maculiponis que existe en el universo.
Con una desfachatez verdaderamente científica, asienta “El Eco” que “Puede decirse que la organización del servicio de Policía en esta ciudad, data de ayer.” Positivamente no es fácil averiguar porqué Yucatán goza desde hace muchos años, la fama de estado adelantado y culto, cuando ahora se está viendo que antes del advenimiento de D. Olegario, estábamos en el caos o en el limbo. No sabíamos ni adular y ahora sí que estamos viendo cómo se hace. Yucatán era un estado culto, pero no tenía ni policía como los cafres o los etíopes. Llegó la actual administración a desasnarnos y hemos empezado a parecer gente. Yo nunca he visto un insulto retrospectivo más chocante que ese que lanza la adulación desde “El Eco;” eso de los insulto retrospectivos es una de las maravillas de los científicos.
Es público y notorio que muchísimos años antes de que D. Olegario lograse llegar al gobierno (no decimos “pensase llegar” porque eso es más viejo que el atole) ya el cuerpo de policía había hecho notables y meritísimos progresos. Es muy antigua la creación de sucursales suburbanas; la del servicio de la montada; la utilización de policía secreta, aunque no se importaba tan infulosa y cara como ahora; por último, hasta el uso de los pitos y de las linternas es enormemente anterior al encumbramiento de D. Olegario y su trouppe de afeitadores a la trompa, aunque repetimos que no puede serlo a sus pretensiones de encumbrarse porque esas las ha acariciado desde Hecelchakán.
Dice el barbero de “El Eco” estas palabras: “Pero desde que el alto precio del henequén dio exagerada fama de riqueza a nuestro Estado, y comenzó a afluir a él numerosa y heterogénea inmigración atraída por esa fama de riqueza, los delitos contra la propiedad y contra las personas comenzaron a hacerse de alarmante frecuencia y pusieron de manifiesto la deficiencia de la policía.” Por consiguiente, reconoce que antes los delitos no tenían la alarmante frecuencia que ahora; que la policía de entonces era para su época mucho mejor que la de hoy para la época actual; y que se hizo deficiente no por sí misma sino por las circunstancias; de todos modos que aquella llenaba su cometido, y, con todo, agrega: “Más que organización, la policía actual ha sido una verdadera creación.” Tenía que ser, tanta barba había de parar en hacer a D. Olegario creador. Este barbero de “El Eco” nos recuerda a aquel palurdo que tuvo que ir a hablar con un obispo, le dijeron que había que tratarlo de Ilustrísima, pero llegado el momento, se le olvidó y dijo: “Buenos días, Santísima Trinidad.”
D. Olegario debe comprender que sabemos todos que el progreso del Estado y de sus hijos impone en los servicios públicos modificaciones y progresos que emanan del adelanto general y que al obedecer el impulso que imprime dicho adelanto general se sigue lo que en el mismo artículo de “El Eco” se llama exigencia de las circunstancias. Al sujetare a tales exigencias e introducir modificaciones, no se crea nada, y afirmarlo con tanto bombo como se está haciendo es cometer una criminal injusticia contra los esfuerzos de todos los que han antecedido a D. Olegario en la administración pública, es hacer una ofensa a su patriotismo, es pisotear y arrastrar por el lodo su buena voluntad. Ya saben el Sr. Gral. Traconis, el Sr. D. Manuel Cirerol, el Sr. D. Carlos Peón y cuantos hayan sido gobernadores de Yucatán, que “puede decirse que antes de hoy no habíamos tenido policía y que todavía estamos comenzando a conocerla.” Palabras textuales del periódico de D. Roberto Castillo Rivas, secretario particular hasta hace poco de D. Olegario, actual regidor del H. Ayuntamiento, Contador de Hacienda y no sabemos qué cosas más.
Pero ¡qué barba…! ¡Qué barba…! ¡Qué barbaridad! Es triste la impasibilidad con que D. Olegario se está dejando convertir en deidad de ópera bufa. Por Dios, no lo afeiten tanto, o aféitenlo con talento.

FRAY BARBA –AZUL.

EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 9, 16 de octubre de 1904, pp. 3 -6.

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¿Qué sucedió del álbum?

Ya varios órganos de la prensa local han llamado la atención del público acerca de un hecho que no sabemos cómo puedan justificar dignamente sus autores. Los interesados en la reelección del señor Lic. Molina han estado circulando un álbum, en el cual no se expresa el objeto a que se le destina, y valiéndose de su influencia personal en esta o la otra familia, han logrado que algunas señoras y señoritas pongan su firma, después de instarlas mucho y haciéndoles creer que se trata de dar al señor Molina un voto de gracias por el famoso adoquinado. Por supuesto que muchas se han negado rotundamente a la influencia del parentesco, pero otras, se han atrevido a firmar, no obstante que el álbum, como hemos dicho, está en blanco, y a tal punto, que la primera palabra con que se tropieza es una firma.
Parece imposible que haya quien, abusando de su amistad con una dama, o de la influencia del parentesco, que ha sido la más comúnmente utilizada, se atreva a instarla a suscribir una hoja, sin que conste lo que va a suscribirse. Si a uno de esos señores se les presentara un pliego en blanco, ¿tendría la candidez de firmarlo? Seguramente no, aunque le dijeran que es para lo más inocente y laudable; porque la reflexión surge desde luego: si el objeto es el que se dice a las señoras, ¿por qué no se ha expresado en el álbum, en vez de dejar el encabezamiento sin escribir, y en condiciones, lo mismo de que se exprese una cosa de que se exprese otra?
Y en el supuesto de que se va a poner, en efecto, un voto de gracias al señor Molina por el adoquinado, (y no una manifestación política solicitando el apoyo del señor Presidente de la República en favor de la reelección) ¿saben si la forma que se va a dar a ese voto de gracias, no es enteramente servil y en una forma que rechazaría una persona digna?
No sabemos qué se ha hecho de ese álbum, y no verán seguramente todas y cada una de las damas, las palabras que lo precedan antes de llevarlo a su destino; no sabrán si han de limitarse los elogios al asendereado adoquinado, o se extenderá a toda la gestión administrativa del señor Molina, inclusive el proceso de los periodistas, el “premio” a los maestros de Chuburná, la ruina del señor Zavala que empezó a levantar un teatro, con la autorización del Ayuntamiento, y se le mandó destruir; la autorización a la policía relativa a sus armas, las que han ocasionado víctimas; el adoquinado preferente de las calles suburbanas en que tiene casas el señor Gobernador, y otros mil puntos que hacen penoso para el Estado el gobierno actual. No, no saben esas señoras si el último resultado, lo que firmarán será un voto de aplauso al Gobierno por todos sus actos.
El sistema de apelar a cualquier recurso para presumir de aplauso y de popularidad, parece que debería detenerse, aun en los menos escrupulosos en chanchullos políticos, cuando se trata de las damas, cuya noble misión en el hogar y en la sociedad, las debe poner al abrigo de las sugestiones interesadas de la política, que ha sido siempre para ellas un (ilegible).
Estaba reservado a los señores reeleccionistas, en su desesperación por mostrar una popularidad de que carecen, hacer que las damas de Mérida, “firmando en blanco” tomaran participación en la lucha política.

La Opinión Pública. Periódico de Política y Variedades. Órgano de la Convención Liberal Antirreeleccionista de Yucatán, Año I, No. 1, 1 de Mayo de 1905, p. 4.   

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Recogiendo firmas

Los partidarios de la reelección del Sr. Lic. Molina, no descansan en su empeño de buscar timoratos que firmen actas de adhesión. ¿No se atreven a decir que la Federación los apoya en su empeño de permanecer en el poder, y que será violentada la opinión pública?
Si tienen tanta seguridad en el triunfo ¿para qué esos saltos estando el suelo parejo?

Le nom ne fait pas la chose.

No deja de ser digno de notar que el club oficial que se propone la reelección de D. Olegario, hubiese escogido “La Democracia” para título de su periódico oficial.
Es el colmo eso de invocar a la Democracia para postular al gobernante más absoluto que ha tenido Yucatán en tiempo de paz. Bien que los propietarios de la botica de Peniche, dicen en su famosa tarjeta del año nuevo, que el Sr. Molina es el jefe del partido liberal.
¿Saben esos señores cuáles son los principios del calumniado partido liberal?
El partido liberal es el enemigo del absolutismo y de la centralización del poder, y proclama que la voluntad del pueblo es la que deben consultar los gobiernos; ese pueblo cuya voluntad tiene hoy tanto valer, como la opinión de los diputados, que ni se atreven a desplegar los labios contra las órdenes del Ejecutivo. ¡Qué liberalismo!
“La Democracia” justificando su título, comienza a publicar en sus columnas la nueva Constitución del Estado, la más monárquica que existe en países republicanos.
¿Por eso considerará al Sr. Molina su jefe, ese partido liberal formado por los propietarios de la botica de Peniche, hermano del diputado D. Ramón?

EL PUEBLO YUCATECO. Periódico Quincenal de Política y Variedades, Año I, No. 1, 15 de Abril de 1905, p. 3