Recuerdos del día primero.
Dicen por allá, que D. Porfirio se parece a la Purísima Concepción en que en los mismos días caen sus fiestas. Para las de D. Porfirio y su inseparable y futuro heredero D. Ramón, el H. organizó la mar de diversiones que se vieron concurridísimas, no sin razón, como que D. Porfirio es más querido entre sus amigos y D. Ramón entre los suyos, entre los que recordamos a Chucho Basto, Cuchipapa y otros, que se hacen lenguas cada vez que se trata en ese punto.
¡El día primero estuvo solemnísimo! Ni una procesión de Corpus ha alcanzado éxito de tanta naturaleza. Allí los barberos políticos, la sociedad de la “Barba… coa,” el club del cepillo y otros muchos, desfilaron ante la estatua de D. Porfiado, y les siguieron en amoroso conjunto los tecolotes de a pié y de a caballo, y la brigada de los “limpiadores” (¡qué palabritas busca el H.!) que con sus trajecitos azules, no sabemos si eran admiradores de D. Porfirio o de la Purísima. ¡Esta es otra cosa en que los dos se parecen!
¡Salve, hijos de María, incansables “limpiadores” de Mérida que habéis dejado las calles sin barrer, para ir a acompañar el séquito de presupuestívoros! Estáis requetemonísimos con esas blusitas de presidiarios; estáis simpatiquísimos con esos sombriítos blancos y las escobitas en la mano.
Sois el símbolo de la pureza de D. Olegario y de la nube que tiene Regil en el ojo (el derecho), ¡sois lo que se llama una buena brigada de limpiadores! ¡Qué ocurrencia tan simpática ha tenido el H.!
Y mientras vosotros os contoneáis monísimos recorriendo las calles, éstas están sucísimas como las maquinaciones de ciertos políticos.
¡Salve, todos los que vais en representación del pueblo a festejar al héroe de la papa suave! Sois la partida de inocentes palomitas que vais por las calles adulando al dictador, ¡o corriendo una mona! ¡Salve, vosotros que lo mismo os apresuráis a hacer la barba, que a ir de parranda a una peregrinación! ¡Sois la crema (de leche) de la sociedad!
Después de tantas cosas que vimos el día primero es innegable que los candidísimos candidatos gozan de grandes simpatías. Y nadie se atreverá a negarlo: las cantinas y casas de asignación estaban llenas de gente y… hasta muchas casas de comercio cerraron sus puertas en señal de duelo.
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 16, 4 de diciembre de 1904, p. 6.
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