La expropiación del rancho Chelem, de Dª Petrona Flores de Manzano.
Ha transcurrido cerca de un año que la H. Legislatura del Estado decretó pueblo el rancho aludido previa indemnización a la persona que llegase a comprobar su propiedad, y la Sra. Flores de Manzano no ha sido indemnizada de su valor, a pesar de haber comprobado su propiedad y haber sido avaluado el rancho en la cantidad de siete mil pesos. Hemos llegado a averiguar, aunque no podemos asegurar hasta que punto sea cierto, que el Sr. Gobernador del Estado ha ofrecido a la anciana propietaria cuatro mil pesos por su rancho, negándose a entregarle los siete mil pesos en que fue avaluado por peritos nombrados por ambas partes. Nos reservamos averiguar todo lo relativo a este asunto y lo daremos a conocer a nuestros lectores, pues nuestra divisa es y será siempre la defensa de los intereses del pueblo.
De ser cierto lo que ha llegado a nuestros oídos, este caso de la señora Flores de Manzano, viene a ponerse junto al de la Sra. Canto de Jaúriga, otra pobre viuda, víctima también de la ley del embudo que está hoy en vigencia.
Parece además que a la anciana propietaria de Chelem, se le han impuesto multas, una porque no quiso manifestar las pequeñas casas que tiene dentro del rancho supuesto que todo este es suyo; y otra porque pidió enérgicamente que el Gobierno le mandase abonar los siete mil pesos en que fue avaluado el rancho. El escrito en que pidió eso, con mucha razón y derecho, fue calificado de irrespetuoso y se impuso a la señora viuda de Manzano, una multa de cincuenta pesos.
Como se ve, no se trata de un solo mal y de un solo abuso, sino de un racimo de ellos.
Entretanto los potentados del Directorio atropellan a sus sirvientes, cierran calles y hacen todo cuanto les dicta su antojo y su capricho, que para eso gastan su dinero en los trabajos de reelección y son grandes amigos de Olegario Molina.
Pague el Gobierno como es justo la suma en que se avaluó Chelem, pues no debe hacerse la caprichosa voluntad de los que mandan, sino lo que dispone la ley y aconseja la equidad.
¿Se le haría a la señora Flores sino fuera una pobre viuda? ¿Cuánto se hubiera pagado por el rancho si su propietario hubiera sido un Molina o un Peón por ejemplo?
Es preciso no tirar tanto de las orejas al pueblo que puede enojarse, y es preciso que haya un poco de justicia.
Si, un poco de justicia, porque ya estamos hartos de arbitrariedades.
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente, Antiesclavista y Antirreeleccionista, Época II, año II, núm. 35, 16 de abril de 1905, p. 2. |