Sociedad y cultura
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Sociedad y cultura
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EN EL INTERIOR
 

De Hunucmá.

Se cuenta que en días pasados, el cura de aquí, Juan de Dios Ancona, injurió de palabra al Sr. D. Vicente Ceballos, persona de avanzada edad y muy conocida en esta localidad. Parece que el hecho se debió a que dicho Sr. Ceballos fue a solicitar del Cura Ancona dónde paraban las alhajas de un santo que aquí se venera; las cuales prendas fueron compradas por el abuelo del Sr. Ceballos y otros padres de familia de esta población, y es el caso que las ya dichas alhajas han desaparecido.
Al solicitar el Sr. Ceballos el paradero de ellas, parece que el cura se disgustó y sin miramientos le ultrajó de palabra, delante de varias personas que allí estaban.

El corresponsal.

EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 21, 8 de enero de 1905, p. 7.

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Noticias de Dzilam de González.

El estado de la línea telefónica que existe en esta población, es completamente inservible y se debe sin duda al abandono en que se encuentra de la Jefatura política, y de la H. Junta Municipal; no obstante que últimamente se recogieron donativos entre los particulares para su reparación. Da gusto oír en otras poblaciones del Estado las gestiones de las autoridades ante el Ejecutivo, referente al particular, pero desgraciadamente en esta población creo que olvidados nos tienen.
-A fines del mes pasado, el C. Tesorero Municipal, porque le dio la gana y sin despedirse de nosotros, se separó de su oficina dirigiéndose a Tizimín, no habiendo llegado hasta la fecha. Se cree que durará su separación todo el presente mes. Llamamos la atención a quien corresponda sobre el abandono apuntado, en perjuicio de los intereses municipales.
- Últimamente han sido nombrados diez agentes de policía, se supone para corregir varias irregularidades. Aplaudimos la buena disposición y protestamos que se hubiese fijado la Honorable, en menores de edad que de seguro no darán el resultado que se desea.
Dzilam de González. 13 de Enero de 1905.

El corresponsal.

EL PADRE CLARENCIO, Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 23, 22 de enero de 1905, p. 3.

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La situacion deplorable del interior del estado.

Ha venido llamando la general atención el hecho de que las poblaciones del interior del Estado, se encuentran en las más tristes condiciones de abandono y de lamentable atraso bajo una Administración que tanto ha blasonado y blasona de progresista.
En más de tres años, no se ha llevado a cabo sino una que otra insignificante mejora debida más bien a la iniciativa individual que a las gestiones oficiales.
Es esta una verdad que no puede escaparse a las personas que conocen esas poblaciones y han advertido la especie de “statu quo” en que yacen vegetando por la indolencia de sus autoridades encargadas de presidir sus destinos y en muchas ocasiones por la completa y reconocida ineptitud de tales autoridades.
Colocados allí por móviles extraños al bien procomunal y casi siempre seguros de que no se les tomará cuenta de su conducta por quien puede y debe, toda vez que gozan del favor y protección de padrinos más o menos poderosos, viven sin cuidados para el presente y trabajando para conservar la benevolencia de sus compadres políticos, no menos que para la prosperidad siempre creciente de sus intereses particulares, único porvenir de que se ocupan.
Dirigid la vista a esas poblaciones, y en presencia del hecho innegable de que en ellas la Instrucción pública está literalmente abandonada, sin exceptuar a las que son cabeceras de partido, y el ornato es desconocido, así como la higiene, la salubridad y la organización de una policía regular siquiera, tenéis que convenir en que nos sobra razón para aludir al atraso en que se consumen, sin merecer o más bien sin conseguir una sola mirada del Poder público.
La atención de este Poder se concentra, en lo que se refiere al interior del Estado, en un solo ramo al que dedica, ha dedicado y dedicará sus energías: el de hacienda.
Sabido es que la actual Administración, después de haber decretado numerosos y excesivos impuestos, no sólo de la Capital, sino de las más insignificantes y míseras aldeas por donde los agentes del fisco extienden la omnipotencia de la ley económico coactiva, devorando las escasas fuentes en que tantos pobres buscan el pan de cada día bajo las penas de recargo y secuestros que muchas veces se hacen efectivos, llevando a no pocos hogares la desolación y la ruina.
Pues bien, he aquí lo único que no se descuida en el interior del Estado, empobrecido por las exacciones más que por la crisis pecuniaria a que nos han empujado las combinaciones bursátiles.
Y semejante sacrificio en nada favorece siquiera o impulsa el bienestar material de esos pueblos, ni promueve su adelanto en otras esferas, ya en lo moral mejorando sus costumbres o bien en el orden intelectual distribuyendo con acierto entre las masas los grandes beneficios de la educación popular.
Tal actitud no es propia de un Gobierno ilustrado y que aspira al renombre de progresista en una página gloriosa y justiciera de la Historia. Empero no es más que una de las consecuencias del favoritismo y del compadrazgo político, merced a los cuales existen “tantos hombres con empleos y tantos empleos sin hombres.”
En resumen, los que ejercen cargos públicos importantes en el interior, son en su mayoría, personas ineptas e ignorantes y no hay para que decir lo que vienen a ser los que desempeñan cargos secundarios; allá no se vive, sino que se vegeta miserablemente en la obscuridad y silencio que simbolizan las desiertas calles y las inmensas plazas sin luz y sin señal alguna del más incipiente progreso; sus fondos, arrancados a las gentes con inconcebible exigencia y severidad nunca vista, no se invierten en mejoras de ninguna clase.
El viajero, por poco observador que sea, al abandonar una de esas poblaciones, con el corazón dolorosamente impresionado e invadido de la angustia que se desprende allí de todas las cosas como un hálito de retroceso y de muerte, apenas puede creer que se haya en un país civilizado que marcha con paso seguro a la conquista de un puesto de honor entre las naciones más grandes y prósperas del Continente Americano.
Todo por las causas que ya hemos apuntado y otras que apuntaremos más adelante.

EL PADRE CLARENCIO, Semanario Liberal, Independiente y de Caricaturas, Época II, año II, núm. 26, 12 de febrero de 1905, pp. 6 -7.   

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De Progreso.

Los vecinos de esta ciudad y puerto, se quejan y con justa razón, del estado deplorable en que se encuentra el “alumbrado” público, pues además de ser deficiente, hay muchos faroles que no se encienden o que los dejan a media luz, no sirviendo para nada. Con motivo de la presente fiesta de S. Telmo, hace más falta dicho alumbrado, pues no faltarán “cacos” que aprovechen las profundas tinieblas en que se encuentra sumido Progreso, para hacer sus “trabajitos.”
Luz, luz y luz.

EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal,  Independiente, Antiesclavista  y Antirreeleccionista, Época II, año II, núm. 37, 30 de abril de 1905, p. 7.  

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Clamores de los partidos
Abandono del Partido de Izamal.

En esta sección de nuestro periódico, daremos cabida a todas las quejas procedentes de los partidos del Estado, dejados de la mano por la actual Administración pública, en su afán de llenar de oropeles a la ciudad de Mérida, de la cual parece que únicamente es Gobernador el Sr. Molina, dado que no se ocupa para nada de otras sufridas regiones de Yucatán, abandonadas a sus propios esfuerzos, como acontece con los partidos orientales de Espita, Valladolid y Tizimin, y los sureños de Peto y Tekax, sin que por eso se crea que Ticul, Sotuta, etc., reciban la mirada de “cíclope” del Jefe del Poder Ejecutivo.
Vamos a empezar hoy con el desventurado partido de Izamal, y seguiremos más adelante con otros, esperando que nuestros amigos se servirán enviarnos los datos respectivos.
En la ciudad de los cerros, ya va para cuatro años que tienen la batuta de la Jefatura don Braulio A. Méndez y don Ramón Marín, que son dos personas distintas y un solo Jefe político verdadero, con la cooperación del Tesorero Municipal D. Nicanor Bolio Ponce y la del nunca bien ponderado Notario D. Pablo Bolio.
¿Y qué se ha hecho? ¡Nada! Con excepción de la Casa Escuela, modestísimo edificio que se está haciendo con fondos recolectados casi a la fuerza entre los vecinos y con algo que a duras penas han ministrado las cajas del Estado, no se ha levantado una paja. Las calles están convertidas en muladares asquerosos, el cobertizo de zinc al que pomposamente se le da el título de mercado, es poco menos que una sentina; el alumbrado público, deficientísimo, a grado tal que más bien parecen los faroles, candiles miserables; la instrucción pública, abandonada, y no ciertamente por negligencia de los maestros, que tienen que luchar contra el fanatismo religioso y el indiferentismo de las autoridades, sino por culpa de éstas, que nunca en ninguna ocasión y por ningún motivo, se han dignado inquirir las necesidades de los establecimientos de educación. De la Notaría Pública hay muchas quejas debido a los cobros inconsiderados que allí se hacen, y en una palabra, todos los ramos que constituyen la Administración pública, están en el mayor abandono. Reciente está el caso de que se cometiera un robo de consideración en el Cementerio General, y en un mausoleo, y hasta hoy permanece en la mayor impunidad. Nadie ha hecho nada por esclarecer el hecho. La ciudad está invadida por una plaga de perros que molestan al vecindario de día y de noche, y que desdicen mucho de la pretendida cultura de la población; y sin embargo, las autoridades están como el que chifló en la loma. El que hubiese visto a la ciudad de Izamal hace un lustro y la vea hoy, no podrá menos que recordar aquellos versos inmortales:
“Estos, Fabio, ¡oh dolor! que ves ahora,
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa…”
Tal es el decaimiento a que ha llegado la histórica ciudad, digna de mejor suerte, gracias a la inercia altamente culpable de sus autoridades. El Ayuntamiento……siempre por los cerros de Ubeda. Es poco menos que un cuerpo decorativo.
Y si esto pasa en la cabecera, ¿qué no acontecerá en los desdichados pueblos del partido…? Sitilpech, en las goteras de la ciudad, casi próximo a ser borrado del mapa, por la absorción de los hacendados comarcanos; Tunkás, en la mayor miseria y en el más grande abandono; Tahmec y Dzusal, que seguirán el camino de Sitilpech; Citilcum y Kimbilá, pueblos antes ricos, convertidos hoy en aldeas archimiserables de las cuales sólo se acuerda el centro para cobrar las contribuciones exageradas a los dos tendajones que allí existen como una irrisión. Hoctún bajo la férula de la familia Gamboa se está hace años como Izamal y como Quevedo, que ni sube ni baja, y así los demás pueblos del partido, con excepción de Tekantó, donde gracias a la iniciativa de sus progresistas vecinos, se ha hecho alguna cosa de provecho.
Tal es, a vuela pluma, la desdichada situación del partido de Izamal, menos angustiosa, sin embargo que la de otros partidos del Estado, cuyos datos amarguísimos tenemos en cartera.

EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal,  Independiente, Antiesclavista  y Antirreeleccionista, Época II, año II, núm. 46, 2 de julio de 1905, pp. 6 -7.

 

El Eco del Comercio, 11 de julio de 1905, p. 2.