Noticias
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  El Sr. Gobernador interino en funciones
 
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  Yucatán
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  “Homenajes al Sr. Lic. D. Olegario Molina.”
 
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  Gran manifestación en el Circo –Teatro
 
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  Acto solemne de justicia social
 
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  El viaje del Sr. Lic. D. Olegario Molina
 
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  Regreso a Mérida del Sr. Gobernador del Estado Lic. D. Olegario Molina
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  “Las elecciones”
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  El partido de Espita en la administración del Sr. Lic. D. Olegario Molina
   
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  El Ayuntamiento de 1906
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  Consejos para Jefes Políticos
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  Sueltos que circularon después de la elección de gobernador el domingo último
   
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  Homenaje (*) de justicia y gratitud al benefactor del pueblo yucateco Sr. Lic. D. Olegario Molina, Gobernador del Estado
   
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  Votos de gracias al Sr. Gobernador del Estado
   
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  Realidades y esperanzas
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Noticias
 
REALIDADES Y ESPERANZAS
 

Hace hoy ocho días que en esta capital lo mismo que en todas las demás ciudades y en las otras poblaciones del Estado, los habitantes, ciudadanos ya en pleno ejercicio de sus derechos, acudieron en mayoría abrumadora a los colegios electorales, llevando en el corazón y en la mente el nombre del respetable Sr. Lic. D. Olegario Molina. Una atmósfera de contento y de júbilo, de gratitud y de patriotismo, lo envolvía todo, extendiéndose igual de uno al otro confín de Yucatán, sintiéndose de la misma manera en donde quiera que un grupo de ciudadanos iba con entereza y con fe en el porvenir por la seguridad del pasado, a depositar los votos para elegir al gobernante que ha de regir los destinos públicos en el período constitucional de 1906 a 1910.

La elección, o mejor dicho, la reelección del Sr. Lic. Molina es la nota característica de la semana que ha vibrado agradablemente en todos los ámbitos del Estado, nota que lleva el acento de la uniformidad de los sentimientos y de las voluntades en lo tocante a la grave y trascendental cuestión de la administración pública que, desgraciadamente, había sido un problema desde hacía mucho tiempo.

 

 

Ya los lectores han tenido ocasión de enterarse de ese movimiento general por las noticias que nuestros corresponsales nos han transmitido en el curso de la semana y que hemos tenido el gusto de publicar. Desde esta ciudad de Mérida, capital del Estado, hasta apartadas poblaciones, la elección de gobernador revistió carácter inusitado por lo espontánea, por la animación de los electores, por la conciencia de obrar acertadamente al votar a favor del candidato cuya postulación se había hecho obteniendo la más franca y unánime acogida. ¿Alguien recuerda que antes haya acontecido cosa igual? ¿Habíanse asociado, formando un todo tan homogéneo –valga la paradoja –los elementos heterogéneos de la gran máquina social, los que constituyen la clase directriz lo mismo que los que forman las milicias del trabajo hasta en las esferas más humildes?

El pueblo yucateco que ha recorrido un largo calvario sembrado de decepciones dolorosas y desesperantes, ha aprendido mucho en la escuela de la realidad tangible.

Ansioso siempre de prosperidad, siempre anheloso de fecundación para sentir correr por sus arterias la vida del progreso, pero siempre volviendo los ojos inútilmente al ideal de sus aspiraciones, pudo, al fin, verse un día guiado por un hombre enamorado como el pueblo al cual pertenece, de esa fecundación que da la vida y de esa prosperidad que sólo se alcanza cuando un gobierno sabio y patriota compenetrado de los intereses de la comunidad, los hace suyos y traza derroteros expeditos para que la comunidad se eche a andar por ellos y en ellos encuentre cada cual medios y manera de ejercitar sus energías. Saber manejar la gran máquina social: he ahí el secreto para labrar la felicidad de un pueblo y para engrandecerlo haciéndolo figurar dignamente en el concierto de los pueblos cultos y de los que tienen importancia por su comercio y por su industria.

En el cortísimo lapso de cuatro años, no completos aún, y demostrada con una serie incontable de hechos y con obras monumentales que perdurarán con su elocuente magnificencia, la gestión innovadora del Sr. Lic. D. Olegario Molina se ha hecho sentir, llamando justamente la atención y causando admiración a propios y extraños.

El Estado, acostumbrado por tradición al marasmo; moviéndose pesadamente, con lentitud dromedárica, como si venciese perezosamente un enervamiento resistente y duro, llevaba una vida lánguida, no obstante sus vastos elementos latentes de vida vigorosa. Vióse transformado de pronto y, como los personajes bíblicos arrebatados por un carro de fuego, sintióse arrebatado también por la fuerza que lo empuja para que llegue al soñado ideal.

Tenemos por demás repetir aquí en cifra lo que hemos dicho acerca del gobierno del Sr. Lic. Molina y que el lector puede ver nuevamente en la colección de “El Eco;” pero sí cumple a nuestro propósito recordarlo, porque, si bien el largo inventario está formado y publicado ya, lo que él ha influido como factor para determinar la conciencia pública y para normar el criterio social, vése en el resultado de la última elección.

Ahora bien, ante el cúmulo de tantas realidades, ¿qué esperanzas debemos abrigar? Las más fundadas: esperanzas que descansan en la base granítica de obras monumentales que ni la palabra envenenada del adversario se atreve a negar.

Después de tanto hecho ¿qué hará el Sr. Molina? –se pregunta. Ahí está la reforma de la Instrucción Pública; ahí está la construcción de grandes y bellos edificios adecuadamente construidos para cada una de las Escuelas profesionales; la construcción de un Mercado en condiciones y la de un Rastro público en que se imite el estilo de los modernos rastros; ahí está la completa organización de la policía, y, en fin, ahí están otras cosas, otra infinidad de mejoras que figuran, según creemos, en el vastísimo plan de Gobierno del Sr. Lic. Molina, y que hay derecho de esperar del hombre notable y del eminente ciudadano que, impasible a la calumnia, a la injuria y a los crueles e injustificables ataques de unos cuantos yucatecos, cuyo proceder nos autoriza a calificarlos, cuando menos, de ingratos, ha hecho un culto del adelanto de su país y, austero y magnánimo, se ha consagrado a realizar la grandeza de Yucatán.

El Eco del Comercio, 12 de noviembre de 1905, p. 2.