La otra mirada
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  El señor Presidente de la República en Yucatán  
 
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  Entre pelados  
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  Las fiestas presidenciales  
 
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  El empréstito del Ayuntamiento
 
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  El Gral. D. Porfirio Díaz y el pueblo yucateco  
 
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  El Sr. Gral. Díaz en yucatán. Actitud del pueblo
 
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  Declaración del Gral. Díaz en el banquete de “Chunchucmil.”  
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  Problema resuelto por el General Díaz  
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  Las perpetuidades  
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    Yucatán no tiene que agradecer a Porfirio Díaz  
 
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    Cántico a la ruina de Yucatán  
 
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  Barberos del periodismo  
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  Muy significativo  
 
 
 
 
 
 
 
La otra Mirada
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Yucatán no tiene que agradecer a Porfirio Díaz
 

Tal ha dicho en un bien escrito artículo, nuestro colega local “La Unión Popular”, y esta expresión no completa lo que en realidad debe de decirse. Lo que es en realidad, es que Yucatán tiene mucho que sentir del Gral. Díaz, especialmente en estos últimos años en que ha pesado demasiado (no sobre nuestro Estado sino sobre toda la Nación) imponiendo su voluntad dictatorial prevalido de la abyección en que vive la inmensa mayoría del país, que es analfabeta y por lo tanto ignorante de sus derechos, y parapetado detrás de la fuerza armada; abusando de la debilidad y la ignorancia de un país digno de mejor suerte. Yucatán, sí, tiene mucho que sentir del Gral. Díaz: por él fue desmembrado el Estado en virtud de una creación de territorio federal repartido como patrimonio de algunos privilegiados de la Dictadura; por él pesa el funesto Olegario Molina sobre un pueblo que no lo quiere porque ese pueblo comienza a comprender sus derechos y ha sentido nacer de lo más profundo de su alma el odio acendrado contra el gobernante que lo ha esquilmado a fuerza de contribuciones; que lo ha tiranizado con el militarismo y le ha arrancado todas las libertades sólo por saciar, por satisfacer ese delirio de grandeza, esa megalomanía muy suya como todo aquel que sin merecimientos y sin aptitudes se encumbra en el poder; y como si todo eso fuera poco, como si no bastara con ello para que el pueblo yucateco sintiera antipatía, colmó la medida la reelección de Molina, puesto que el héroe de la paz lo apoyó, lo protegió y lo sostiene en la primera Magistratura del Estado, a pesar de todo, contra toda la voluntad del pueblo esquilmado, oprimido y perseguido.
La verdad es que un sentimiento completamente opuesto a la gratitud es el que experimenta Yucatán al Caudillo tuxtepecano. Sí Porfirio Díaz es antipático a Yucatán lo es ciertamente por muchas razones, y lo seguirá siendo.
El pueblo siempre tiene palabras de alabanza que forman la gloria de sus benefactores, como tiene también odios reconcentrados para sus déspotas, odios que cuando no se traducen, cuando no se expresan en palabras, cuando no se manifiestan en acciones, son silenciosas maldiciones que perpetuaran la memoria de los Césares que caen, de los tiranos que acaban execrados por las multitudes.
Ya nos hemos ocupado de lo que significan y lo que valen esas fiestas dictatoriales en que se hizo derroche de pompa y lujo dilapidando el dinero reunido a fuerza de latigazos que hacen chorrear la sangre de los esclavos en las negrerías yucatecas. Esas fiestas traerán al pueblo yucateco más miseria y más opresión y serán un motivo más del duelo entre el pueblo y sus gobernantes.
Y, tenedlo presente: El General Díaz no vino a Yucatán por el afecto que pueda merecerle el pueblo, sino por demostrar a su patrocinado, el funesto Gobernador de Yucatán, la amistad que le tiene y el apoyo que le imparte. Así lo han asegurado todos los molinistas y han dicho la verdad. Por eso vino a Yucatán el General Díaz, y para que no quede duda de que es así su viaje se verificó a raíz de la tremenda oposición que el pueblo yucateco hizo a la reciente reelección de Molina.

EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal Independiente, Antiesclavista y Antirreeleccionista, Época II, año III, núm. 27, 18 de febrero de 1906, p. 7.