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Son blancos y se entienden
Hay en la ciudad de La Habana un periódico que se denomina nada menos que “El Fígaro”. Nunca ha correspondido mejor a su nombre que en estos últimos días con motivo de las fiestas barberiles que el elemento oficial y sus aliados, los capitalistas opresores, llevaron a cabo para tener siempre propicio al milagroso y omnipotente, por hoy, S. Porfirio.
Un fígaro, como se sabe, es un barbero, y el periódico de Cuba en esta vez ha desempeñado maravillosamente su oficio.
Invitado a las tales fiestas, fue su representante, según éste dice, declarado huésped de la ciudad. No es cosa bien averiguada que fuese como dice, pero sí que don Olegario y socios lo dejaron bien satisfecho de modo que se consideró obligado a pagar las finezas recibidas escribiendo un folleto que casi tiene tantos disparates como líneas y que “barbea” de lo lindo al Gobernador, dejando en la sombra a D. Porfirio. Bonito es que, teniendo que soportar la gran lata de “mundos” (ilustrados y sin ilustrar) “imparciales”, muy parciales, “ecos” molinistas y “peninsulares” de oficiosidad vergonzante, vengan también los fígaros de Cuba a echar su cuarto a espadas en eso de limpiar, afinar y dejar como un espejo la cara de los adinerados caballeros de la orden de Olegario I, compadre del héroe de la paz y gran confeccionador de brindis llenos de verdad, de belleza, y sobre todo, de pureza de intenciones.
Nosotros hemos oído comentar la cosa esa, o sea la gran lata que ha venido a darnos el figarito de La Habana. El que escribió ese folleto, según parece, no conoce ni tiene idea alguna de la geografía, de la historia y de nuestro país, al cual no ha visto más que en los banquetes a través de las copas de champagne y con la barriga llena. El escribidor fígaro de “El Fígaro”, no sabe ni el castellano, pues llama al pan Olegario y al vino lo confunde con las ganas de verlo todo de color de rosa en el mejor de los mundos posible: el de los burgueses de panza enorme en que se podía escribir la historia de los banquetes “científicos”.
Por eso decimos que ellos son blancos y se entienden.
Una palabra más, ese fígaro debe ingresar a la sociedad de “los folicularios de México”, pues de fijo que en Cuba es de los ameritados.
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente Antiesclavista y Antirreeleccionista, Época II, Año III, núm. 30, 11 de marzo de 1906, p. 3.
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