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Bueno es que sepa Porfirio Díaz que su viaje a Yucatán ya empieza a causar desgracias aún antes de verificarse. La prensa de información consignó hace días la mala noticia, que ya bastante ha comentado el público, de que el Ayuntamiento de Mérida tomaría un empréstito de cien mil pesos de “cualquier” banco, de los que se destinaría la mitad a festejar al llamado héroe de la paz.

Es decir que el Ayuntamiento está como jamás se ha visto sin metal, y a pesar de ello se permite el lujo de gravarse en cien mil pesos y el mayor lujo de dilapidar cincuenta mil en honor de D. Porfirio, mientras los fondos del Estado pasan la vida “muy tranquilos y muy bien guardados” en las cajas del Banco Yucateco.
Es lo último que se podía esperar, pero que forzosamente tenía que suceder, pues los encargados de vigilar por los fondos municipales los han gastado sin ton ni son, y hoy que se trata de hacer la barba al Caudillo, pues nada más natural que endrogarse.
¡Ya se ve que la burocracia dispone de los fondos públicos como de cosa sin dueño!
¡Oh tiempos; oh costumbres!
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal, Independiente, Antiesclavista y Antirreeleccionista, Época II, año III, núm. 21, 7 de enero de 1906, p. 6.
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