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Nadie ignora ya que en la hacienda Chunchucmil, donde el Sr. Presidente de la República, General Díaz, estaba muy contento y satisfecho disfrutando de las fiestas y agasajos que se le hicieron, manifestó en un brindis durante el banquete que se le ofreció, que está convencido de que en Yucatán no existe la esclavitud de los jornaleros de campo y que los que tal afirmaban, se producían calumniosamente.
Por lo visto ya resolvió el problema, y con sus palabras ha puesto el sello a la triste situación de los braceros de campo en nuestro Estado.
Los que alguna vez han creído que el General Díaz ignoraba los abusos que aquí se cometen empleando la fuerza para obligar a los pobres indios a trabajar en determinadas fincas aunque se les pague mal y se les trate peor, ya saben a que atenerse.
Por lo que a nosotros toca siempre hemos creído que no podemos esperar otra cosa del hombre que se ha perpetuado en el poder y que busca apoyo entre la clase poderosa de los plutócratas esclavistas.
Para ciertas cosas, el Gral. Díaz tiene oídos y no oye, tiene ojos y no ve, tiene entenderas y no entiende.
¡Pobre República!
EL PADRE CLARENCIO. Semanario Liberal Independiente, Antiesclavista y Antirreeleccionista, Época II, año III, núm. 27, 18 de febrero de 1906, p. 2.
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