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  El Sr. Gral. D. Porfirio Díaz en Mérida
   
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    El viaje del Sr. Presidente a Yucatán.
   
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  Sección de rezagos
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    El viaje del Señor General Díaz á Yucatán
   
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  La visita del Sr. General Díaz a Yucatán
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  Censura injustificable
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    Programa oficial de las fiestas presidenciales en Mérida, Estado de Yucatán
 
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  Editorial. Fecha Memorable
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  Las fiestas presidenciales en Mérida
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    Las fiestas presidenciales en Mérida II
 
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    Las fiestas presidenciales en Mérida III
 
 
 
   
   
 
 
   
   
 
 
   
   
 
       


 
 
 
 
 
 
 
 
 
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Las fiestas presidenciales en Mérida
 

Las fiestas presidenciales en Mérida.
El camino para Veracruz. –El arribo a Progreso. –Llegada del Sr. Gral. Díaz a Mérida. –Delirante entusiasmo.

Toda la vida política de la República está concentrada en estos días en Mérida, en la hermosa capital yucateca, y de allí nos vienen noticias de fiestas y relatos de banquetes solemnes y de entusiastas recepciones.
Arcos triunfales, flores y lujos son derrochados por doquiera. Vivas y aclamaciones llenan los aires y van a perderse junto con el estruendo del cañón que saluda el paso del señor Presidente de la República y de su brillante comitiva.
El espectáculo que nos relatan los corresponsales es hermoso por todos conceptos, es consolador en grado sumo; es la explosión del sentimiento patrio que se desborda al ver personificados al adelanto y la paz de que disfruta el país, en el ilustre gobernante que rige los destinos de la República.
El viaje presidencial no es sólo el paso de un cortejo más o menos brillante, la visita fastuosa de personajes prominentes y damas distinguidas de nuestra alta sociedad; significa algo más, significa la fecha en que se van a inaugurar obras de utilidad para el provecho de los ciudadanos para el embellecimiento de la península yucateca.
Comprendiéndolo así, El Mundo Ilustrado cree de su deber dar cuenta detallada y minuciosa de todas las fiestas y solemnidades celebradas en Mérida, desde el momento de la salida de la expedición hasta el día de su regreso a la capital mexicana.

El tren presidencial.

El sábado 3 de febrero, a las 7 de la mañana, salió por la vía del ferrocarril mexicano el tren presidencial rumbo a Veracruz. Muchas honorables personas acompañaban al señor Gral. Díaz, entre ellas su digna esposa la Sra. Carmen Romero Rubio de Díaz, el Sr. D. Ramón Corral, Vicepresidente de la República; el Sr. Ing. D. Leandro Fernández, Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas; el Sr. D. Guillermo de Landa y Escandón, Gobernador del Distrito Federal, y su esposa; el Sr. Dr. D. Eduardo Liceaga, Presidente del  Consejo Superior de Salubridad; el Sr. Lic. Lorenzo Elizaga y su esposa Sr. Sofía Romero Rubio de Elizaga, el Sr. Barón Hans von Wangenheim, Ministro Plenipotenciario de Alemania, y su esposa; el caballero Aldo Novili, Ministro Plenipotenciario de Italia; Sr. Mayor Pablo Escandón, Jefe del Estado Mayor Presidencial, y los Sres. Mayor Samuel García Cuellar, Mayor Porfirio Díaz y Mayor Narno Dorbecker, Capitanes Agustín del Río, Armando Santa Cruz, Enrique Hurtado y José Montesinos y Teniente José Espinosa y Rondero, pertenecientes al mismo Cuerpo.
Figuraban entre los invitados el Sr. Gral. Treviño, Sr. Gral. Martínez, Gobernador de Puebla; Sr. Brigadier Fernando González, Gobernador de México; Sres. Magistrados de la Suprema Corte de Justicia Miguel Bolaños Cacho y Manuel García Méndez; Sr. Lic. Calero, Sr. Rubio Alpuche y Sr. Peón del Valle; Sres. Senadores Carlos Rivas, Francisco Azpe y Ramón Alcázar; Sr. Gral. Alberto Escobar, Sr. D. Luis Torres Rivas, Introductor de Diplomáticos; Sr. Porrúa, Sr. Southsworth, Sr. Lic. Bejarano y otras distinguidas personas.
Los invitados se instalaron en un tren que salió media hora antes que el presidencial. Ambos trenes tuvieron vía libre, no deteniéndose el primero sino en Orizaba, donde se sirvió una magnífica comida en un salón adornado con multitud de flores, banderas y espejos. El tren que condujo al Sr. Presidente no se detuvo en ninguna estación y la comida se hizo a bordo.

El trayecto.

Todas las estaciones estaban engalanadas, siendo las principales: Apizaco, Esperanza, Orizaba y Córdoba; estas dos últimas hicieron un verdadero derroche de gardenias, distribuidas en “panneaux” y guías con frondajes de palmera.
La especial decoración del pintoresco pueblo de Maltrata fue una de las primeras notas bellas que cautivaron la atención de los distinguidos viajeros.
            El tren presidencial llegó a Veracruz entre 4 y 5 de la tarde.

En Veracruz.

Al llegar a Veracruz el señor Presidente, fue objeto de una cariñosa y entusiasta manifestación popular.
En el andén de la estación se encontraban el señor Gobernador del Estado, D. Teodoro A. Dehesa, el Comandante Militar, los principales miembros del Ayuntamiento y los Cónsules extranjeros, los comerciantes más caracterizados y numerosas comisiones especiales. Los cuerpos de la guarnición, tendidos desde la estación del ferrocarril Mexicano hasta el muelle, hicieron los honores de ordenanza. El adorno de la ciudad era muy bello, y todos los barcos surtos en la bahía estaban empavesados.
La comitiva no se detuvo para nada en Veracruz, y en cuanto se hubo hecho el embarque, zarparon los barcos de la excursión.
El Sr. Gral. Díaz se embarcó a bordo del cañonero “Bravo,” el mejor dotado de nuestra marina de guerra; su distinguida señora esposa y los invitados ocuparon el “Fürst Bismark,” de la línea hamburguesa –americana. La travesía se hizo perfectamente con un tiempo bonancible.

Entusiasmo en Yucatán.

La anunciada visita del Sr. Gral. Díaz a Yucatán despertó un entusiasmo grandísimo en todo el Estado; la mayor parte de los habitantes de los diversos puntos de la península se congregaron en la ciudad de Mérida, encontrándose también allí un gran número de personas que fueron de Campeche y Tabasco.
Fue tal la aglomeración de gente, que los alojamientos no bastaron. Los adornos de la ciudad eran bellísimos, hechos a todo lujo y del mejor buen gusto.
Las calles, plazas y sitios públicos estaban arreglados y decorados de tal manera que ofrecían un aspecto seductor.

Mérida.

La ciudad de Mérida es en la actualidad una de las poblaciones más importantes de la República, como centro social, científico y mercantil de gran movimiento. Está situada en una extensa llanura árida y seca que sólo se eleva 8 metros sobre el nivel del mar; sus animadas calles son amplias y tiradas a cordel; todas se cortan en ángulo recto y sus bellos edificios son por lo general de estilo morisco. Su clima tropical es refrescado constantemente por las brisas de la costa; en sus inmediaciones no hay pantanos ni depósitos de agua estancada, por lo que la salubridad pública es buena.
La ciudad está alumbrada por luz de arco e incandescente y posee una gran red de ferrocarriles urbanos que ligan el centro con los barrios más lejanos.
Mérida tiene varios edificios notables, entre otros la catedral, el palacio de Gobierno, la Penitenciaría, el museo y un gran establecimiento fabril para manufacturar el henequén. El museo contiene una bella colección de monolitos, estatuas, cariátides, obras de alfarería y diversos utensilios de los primeros pobladores de la península, cuya grandeza se comprueba con los monumentos que dejaron a su paso. Engalanan la ciudad seis hermosos jardines públicos.
La instrucción pública está en Mérida muy adelantada, pues cuenta la población con varias escuelas primarias, institutos literarios, escuelas normales, de Jurisprudencia, Medicina, Farmacia, Ingeniería y Comercio.

Llegada del señor Presidente.

El día 5 de febrero en la mañana llegó el barco que conducía al señor Presidente, al puerto de Progreso; el desembarque se hizo a medio día. Recibieron a los distinguidos viajeros el señor Gobernador del Estado, Lic. D. Olegario Molina, las comisiones del Poder Legislativo y del Tribunal Superior de Justicia, el Jefe de las Armas y otros funcionarios públicos, quienes lo acompañaron al tren oficial, tributándosele al Primer Magistrado los honores militares de ordenanza.
Una comisión de las más encumbradas damas de la sociedad meridana concurrió a Progreso a recibir a la Sra. Romero Rubio de Díaz.
A las 3 P. M. llegaron los viajeros a la capital del Estado; en la estación se encontraban el señor Presidente del Ayuntamiento, los miembros del Concejo Municipal, los personajes que formaban la Junta Directiva encargada de organizar las fiestas, los empleados de las oficinas públicas, locales y federales, las comisiones de gremios y corporaciones y todos los invitados.
El Presidente del Ayuntamiento ofreció al Sr. Gral. Díaz la hospitalidad de la ciudad de Mérida y se efectuó en seguida la ceremonia de la recepción. Formaron valla de honor al paso del Primer Magistrado los miembros de diversas asociaciones con sus estandartes e insignias, los alumnos de las escuelas nacionales y particulares con sus directores y profesores, y los representantes de los diferentes Partidos del Estado.
Desde la estación del ferrocarril hasta el alojamiento del señor Presidente estaban tendidas las fuerzas federales, la guardia nacional y la de seguridad del Estado, colocadas en el orden que dispuso el Jefe de Armas.
Terminada la ceremonia de la recepción, la comitiva ocupó los carruajes preparados y el señor Presidente fue conducido a su alojamiento.

Habitación del general Díaz.

En la casa del Sr. Sixto García, situada en la calle 63, se preparó lujoso y cómodo alojamiento para el Sr. Gral. Díaz y su digna esposa.
La casa del señor García es una de las mejores y más suntuosas de las muchas con que cuenta Mérida; los departamentos destinados a prestar hospitalidad a los distinguidos huéspedes, fueron dispuestos y arreglados a todo lujo y con gran esmero y escrúpulo.
El señor Presidente tomó posesión de su alojamiento y las fuerzas que formaban la valla desfilaron frente a la casa haciendo los honores de ordenanza.
A las 4. P. M. estaban citados para concurrir a presentar sus respetos al señor Presidente las autoridades, corporaciones, gremios y particulares, reunidos previamente en el palacio municipal.

El banquete.

El señor Presidente, instalado ya en su alojamiento, recibió las comisiones que fueron a presentarle sus respetos. El banquete ofrecido por el señor Gobernador del Estado quedó preparado para servirse a las 8 p. m. en el palacio del Poder Ejecutivo. Al terminar el banquete, algunos de los invitados concurrieron a la gran serenata organizada en honor de los huéspedes de la población en la plaza de la Independencia.

Arcos triunfales.

En el trayecto recorrido por el señor Presidente, al llegar a Mérida, se instalaron arcos triunfales que ofrecían un aspecto bellísimo. Los más notables fueron: el del Ayuntamiento, que se levantó a la entrada del paseo “Montejo,” de estilo español antiguo con adornos churriguerescos. El de la colonia italiana, construido en la plaza de Santa Ana, y en el cual se destacaban, a guisa de columnas, dos figuras simbolizando la Victoria. En los pedestales se colocaron gran cantidad de banderas mexicanas e italianas.
El arco de la colonia china era todo de madera amarilla, con columnas octogonales y ventanillas cubiertas de cortinas de seda de colores muy vivos. La gran cantidad de farolillos que lo adornaban le daban, por la noche, un hermosísimo aspecto.
La colonia cubana levantó un bello arco de columnas macizas; en el frente lucían escudos de Cuba y México enlazados.


Frente a la catedral se construyó un gran arco en el que se trató de conservar toda la pureza del estilo maya; lo remataba una figura dorada, representando el Progreso.
Al lado Sur de la plaza de la Independencia se colocó el arco costeado por los hacendados y comerciantes. Su estilo era airoso y elegante, rodeado de escalinatas y con altos mástiles coronados de banderolas.
El arco de la colonia turca, colocado en la esquina de las calles 46 y 50, era de estilo morisco, con sus arabescos afiligranados y tapizado de cortinajes orientales.


El de la colonia española era de forma esbelta, semejando un torreón almenado; en el frente se veían los escudos de México y España.
El arco de la colonia alemana era sencillo y elegante, todo blanco, rematado en un faro rojo.


El del Ayuntamiento, de estilo corintio, con esbeltas columnas y bellos pedestales.
El de la colonia americana era también gallardo y elegante.

Inauguración de edificios.

La inauguración de los importantes establecimientos: el hospital “O’Horán,” el asilo “Ayala” y la Penitenciaría, se preparó para el martes 6, quedando invitados el señor Presidente, su señora esposa y las distinguidas personas que formaban la comitiva. Los actos inaugurales revistieron extraordinaria solemnidad.

Un gran baile.

El mismo día, por la noche, se efectuó en los salones de la Lonja Meridana el gran baile organizado en honor de la señora Doña Carmen Romero Rubio de Díaz. El edificio estaba lujosa y ricamente adornado con flores y tapicerías del más exquisito gusto, y la concurrencia fue muy numerosa. Toda la alta sociedad yucateca se dio cita en los suntuosos salones de la Lonja.
El señor General Díaz y la Sra. Romero Rubio de Díaz, concurrieron al baile, ocupando el sitio de honor que se les tenía preparado en un ángulo del salón.

El paseo histórico.

El miércoles 7, a las 8 p. m., debe haberse efectuado la procesión histórica, siendo presenciada por el señor Presidente y la numerosa comitiva de invitados, desde los balcones del palacio del Poder Ejecutivo.


Las diversas comisiones encargadas del organizar las fiestas, trabajaron activamente en el arreglo del paseo histórico, y el desfile fue ordenado de la manera siguiente: la descubierta, formada por una sección maya de caballería, de hondinos y flecheros con el traje de “huite,” de mandil atado por delante, penacho de plumas y mantón a la rodilla; en la diestra la flecha y a la espalda el carcaj. En seguida un grupo de guerreros, lanceros y agallas precedidos de un capitán. Siguiendo a esta primera sección, se dispuso la parte llamada “El ídolo Kukulcán,” el cual iba en una parihuela, llevada en hombros por cuatro hombres seguidos de dos turiferarios, tres sacerdotes vestidos con grandes mantos y brillantes penachos negros y adornados con sartas de cuentas, y 25 indígenas, que ejecutaron un baile; tras de éstos, los músicos con trajes de aquella época, y tocando instrumentos primitivos, tales como tunkules, zacatanes, derochoques y caracoles guerreros. Cerró la sección maya el carro de la tradición, representando unas ruinas mayas, y sobre ellas un chacmol junto a una hechicera que llevaba en la diestra una gran piedra con la tradición de la raza.

La conquista.

Al frente de este grupo iba una figura representando a Montejo, el conquistador de Yucatán, seguido de numerosos esclavos, escuderos, capitanes, nobles, arcabuceros, ballesteros y frailes, y después el carro alegórico de la Conquista, formado de una gran base de estilo maya con un pedestal churrigueresco, sobre el cual se alzaba la figura alegórica de Mérida en tiempos de la conquista. A la derecha se destacaba una figura con casco y coraza, a la izquierda dos guerreros españoles, y al frente un fraile franciscano.
Marchando a continuación, desfiló el grupo de la Dominación Española, que llevaba al frente 4 heraldos, 2 maceros, 8 regidores del Ayuntamiento, 2 alguaciles, el Capitán General de la Provincia, el abanderado teniente del Rey, el oficial de la Real Hacienda, 2 capitanes del Real Ejército, 10 inquisidores, 2 curiales, 12 franciscanos, 3 encomenderos con 10 pajes, un capitán de fragata con 10 soldados y piratas, y una música de la época.
Cerró este grupo un carro alegórico que simbolizaba el trono de España, rodeado de damas, pajes y heraldos con estandartes; a la derecha iban un fraile y un indio.

Grupo de la independencia.

Formaba la vanguardia de este grupo un carro alegórico muy bello, destacándose en él la figura de la patria libertada, frente a la de doña Ana María Quintana Roo, que coronaba al busto del libertador Velásquez.
En seguida venía el carro de la Paz, elegante carroza cubierta de palmas. En el centro, de pie, veíase la Paz guiando al Progreso, y en los costados del carro, artísticas figuras representando las Bellas Artes.
Después, el carro de la Apoteosis, con una columna triangular, donde iban apoyadas las figuras de la Fama, la Historia y el Trabajo; al frente dos leones, y entre ellos, recostada, la figura del Progreso sosteniendo una antorcha; en la cúspide el busto del Sr. General Díaz, coronado por la gloria.
Con este carro se cerró el desfile, que tuvo como itinerario la calle 59, de Santiago a la estación, la calle 61 hasta la plaza de la Independencia, las calles 62, 63, hasta la 68, regresando luego para Santiago.
Al terminar la procesión, debe de haberse dado un banquete de 200 cubiertos, y en seguida un baile popular de la clase obrera.

Velada artística.

Para el jueves 8, el Sr. Gobernador del Estado, Lic. Don Olegario Molina, organizó una velada en honor del Sr. Presidente, en su finca henequenera “Dzodzil.” La finca se decoró con todo lujo; en la avenida de la entrada se levantaron mástiles con focos eléctricos y guirnaldas de flores, y se construyó un hermoso arco triunfal y varios artísticos kioscos.


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El viernes 9, según estaba anunciado, debe de haber emprendido su viaje de regreso a México el Sr. Presidente de la República, a quien el pueblo yucateco, en masa, ha aclamado y aplaudido con tan franco y espontáneo entusiasmo. Las autoridades del Estado, por su parte, hicieron todo lo que era posible por dar a las fiestas el mayor esplendor, y en tan honrosa tarea, vieron secundados sus esfuerzos por todas las clases sociales: capitalistas, intelectuales y obreros, todos contribuyeron gustosos a hacer grata la permanencia del Primer Magistrado y de su brillante comitiva en la península.
Cerramos aquí esta crónica, escrita a vuelta de pluma. En nuestra próxima edición la ampliaremos, publicando interesantísimas fotografías de las fiestas; pues con el objeto de que nuestra información resultara completa, enviamos a Mérida, con muchos días de anticipación, a nuestro fotógrafo. Todas las fotografías que hoy damos a conocer, fueron tomadas expresamente para nuestro semanario.
Presentamos, además, a nuestros lectores,  un grupo que representa al Sr. Gobernador Molina y a su muy estimable familia, y dos retratos: el del Sr. D. Augusto L. Peón, Presidente Municipal de Mérida, y el del Sr. Jefe Político, D. Agustín Vales Castillo, a quienes, como miembros de la Junta organizadora de las fiestas, se debe, en mucho, el brillantísimo éxito que tuvieron.

EL MUNDO ILUSTRADO, Año XIII, tomo I, núm. 7, 11 de febrero de 1906, pp. 11 -16.