Entre las magníficas casas de comercio que se encuentran fundadas en Mérida y que prueban los grandes adelantos de la capital yucateca, es sin duda alguna de las mejores el gran establecimiento de Ferretería y Mercería que con el título que encabeza estas líneas, se fundó el año de 1860 y que, desde entonces, ha venido distinguiéndose entre todos los de su género.
Situado en la esquina de las calles 60 y 65, cerca de la plaza de la Independencia y frente al mercado y á la calle del Comercio, presenta un golpe de vista magnífico, llamando la atención de todos los que pasan por allí.
El edificio es muy esbelto y de hermoso aspecto. En el centro de él se ve una gran escalera volada que da acceso al 2º piso, el cual recibe la luz por una gran bóveda de cristales.
Los muros son de cemento armado, y sus pisos de fino mosaico. Cuenta con su elevador eléctrico correspondiente y con bombas de seguridad para casos de incendio.
Los actuales dueños son D. Francisco Hartog, socio comanditario, y D. Félix Fáller, ambos personas muy distinguidas, altamente apreciadas en Mérida y de gran crédito comercial, no sólo entre sus compatriotas los alemanes, de los que es cónsul el señor Hartog, sino entre toda la sociedad meridana.

El edificio de que hablamos ocupa una superficie de 1,700 metros cuadrados: tiene tres pisos: en el bajo está el despacho para el público, y en los altos los almacenes de ferretería y mercería, habiendo allí un vastísimo surtido, no sólo de efectos alemanes, sino también de americanos e ingleses.
Están al frente de todo el movimiento comercial de la casa 40 dependientes, y se cuenta, para el acopio de mercancías, con dos amplias bodegas, una situada en el mismo edificio y otra en la plaza de Santa Lucía.
No sólo se encuentran en el establecimiento los efectos de ferretería, cuyas principales marcas luego indicaremos, sino también lujosos objetos de arte, de sumo gusto y refinada elegancia e igualmente un gran surtido de juguetería y quincallería.
Al visitar el interior de este establecimiento, se ven en él todos los efectos más modernos y de más notable invención, pues tienen gran cuidado los dueños del negocio de proveerse en seguida de los mejores artículos, para satisfacer los numerosos pedidos que se les hacen de todos los diversos puntos de la Península y de distintas poblaciones del país.
Casi a la ligera, porque sería prolijo y casi imposible enumerar todo lo que vimos en aquel mundo de variadísimos artefactos, podemos señalar: maquinarias de vapor inglesas, de Ruston Prortor Cía., y americanas; bombas de vapor de Blake C. Davidson; bombas de engrane y de mano; poleas, chumaceras, árboles de polea; correas para maquinaria Dick; Balata legítima Gady, y de cuero; molinos de maíz; cañería y sus accesorios; molinos de viento “Etermotor”, Syst. antiguo Samson; rieles Syst. Decauville; cemento Pórtland del mejor que se conoce; máquinas de coser Nueva Home reformada y nueva “Doméstica”; batería de cocina, barnices y pinturas y todos los accesorios para pintores; cáñamo de todas clases; herramientas para todos los artesanos; instalaciones de cuartos de baño, inodoros, regaderas, etc., etc.; artículos de viaje, baúles, mundos, maletas, estuches, etc.; artículos para escritorio y escuela, e infinitos objetos más, todo despachado con prontitud, con suma amabilidad, por el personal de la casa, que se afana por servir al público numeroso que constantemente llena “El Candado,” el mejor de los establecimientos de su clase en la ciudad de Mérida.
EL MUNDO ILUSTRADO, Año XIII, tomo I, núm. 8, 18 de febrero de 1906, pp. 38.
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