La otra mirada
- - - - - - - - - - - - - - -
 
  Caballadas  
- - - - - - - - - - - - - -
 
  Caballadas II  
- - - - - - - - - - - - - -
 
  Política y más Política  
- - - - - - - - - - - - - -
 
  Ahormando
- - - - - - - - - - - - - -
 
  El Resultado de las elecciones de hoy  
 
- - - - - - - - - - - - -
 
  Cómo paso el día en que el puelbo debio elegir
 
- - - - - - - - - - - - - -
 
  Media palabra a “La campana”furibunda  
- - - - - - - - - - - - -
 
  “La campana” queda bajada y exhibida en su verdadero campanario  
- - - - - - - - - - - - -
 
  ¿Se declara acusador el periodico “La democracia”?  
- - - - - - - - - - - - -
    Cuatro preguntas graves que debe contestar el gobierno. ¿Las contestará?  
 
 
         
 
 
 
     
 
         
 
 
 
 
 
 
 
La otra Mirada
--------------------------------------------------------------------
Cuatro preguntas graves que debe contestar el gobierno. ¿Las contestará?
 

Algunos días hace que se publicó parte de un informe facultativo con respecto al avance de la tuberculosis en la Penitenciaría, y presentado por disposición del señor Dr. José Patrón Correa que fungía de gobernador, cosa que le honra grandemente y le hizo merecedor de un general aplauso. No cabe dudar que todos los que leyeron lo publicado fueron presa de un sentimiento de opresivo dolor y de genuino asombro. Nosotros nos abstuvimos de comentar por dos motivos. Primero porque en otra ocasión nos esforzamos para que se remediase algo de lo que resaltaba como muy malo en el Reglamento de la llamada Penitenciaría, y nuestros nutridos razonamientos fueron como la voz del que clama en el desierto, trabajo inútil. Segundo, porque las reflexiones que emanaban y emanan de la lectura de ese informe, son en verdad tan amargas que temimos hacer el papel de reprobadores sistemáticos o de observadores apasionados. Mas si prescindimos de hacer comentarios, no podemos prescindir de hacer cuatro preguntas:
Primera. –Se habla claramente en el informe facultativo de confinamiento de presos en algo que se llama “bartolinas,” y cuya descripción es horripilante al más ni menos. Si se toma el Reglamento de la llamada Penitenciaría se encuentra que en el artículo 118, al establecer los castigos que pueden ser aplicados a los reclusos, se señala el máximun en las fracciones IX, X y XI que establecen “encierro EN LA CELDA,” ya sin comunicación, ya con aumento de trabajo. Si, pues, el Reglamento determina la celda del preso como sitio de confinamiento, preguntamos al gobierno: ¿Por qué se han hecho y por qué se han tolerado esas bartolinas tan inhumanas como ilegales?
Segunda. –Se lee en el artículo 112 que siempre la medida disciplinaria sea del referido encierro y que se dicte para más de ocho días, el preso tiene derecho a presentar su queja a la Junta de Vigilancia por conducto del vocal en turno. Se lee, igualmente, en el informe facultativo que el preso Eduardo González estuvo embartolinado tres meses. Ricardo González sufrió dos períodos, uno de nueve meses otro de trece. El preso Fernández Boo estuvo MUCHO TIEMPO (¡así dice la comisión facultativa!). El preso José García Fuentes estuvo en bartolina CASI SIEMPRE (¡así dice el informe!) Como parece absurdo que esos casi sepultados en vida no quisieran presentar su queja, y como parece absurdo que la Junta de Vigilancia hubiese aprobado semejante cuasi-inhumación, preguntamos al gobierno ¿Qué medida de seguridad sacratísima hay para que la queja de la víctima no sea interceptada antes de alcanzar a la Junta de Vigilancia?
Tercera. –Sábese por el informe de la referida comisión facultativa el número y nombre de los que “salieron muertos,” por tuberculosis de la llamada Penitenciaría porque es claro que la parca los sorprendió antes de que se vencieran sus respectivas condenas. Pero es claro, asimismo, que un buen número de tuberculosos, acaso mucho mayor, ha podido contraer la dolencia en la prisión y salir de ella con vida por haber compurgado su pena, mas salir para bajar a la tumba más o menos pronto. Por tanto, el informe dista muchísimo de ser completo y ha preferido nada menos que la fase más importante. Se hace necesario preguntar al gobierno. ¿Qué se sabe de los tuberculizados que tal vez hasta entraron en la enfermería, pero tuvieron tiempo de no sucumbir en ella?
Cuarta. –El informe laudabilísimamente promovido por el señor Dr. Patrón Correa durante su breve interinato como gobernador, revela casos admirables de enfermos de tuberculosis que entraron en la enfermería de la prisión yucateca y fallecieron casi enseguida. Así por ejemplo, Alejandro Parra aparece como enfermo, desde que ingresó hasta que falleció, menos de tres meses (84 días), Miguel Baak falleció a los 44 días (poco más de un mes de entrar en la enfermería.) De otros fallecidos no dice nada el informe del día de ingresos en dicha enfermería ¿por qué? Pero es el caso que la tuberculosis no suele pasar por todos sus períodos en términos tan breves, a no ser que el enfermo no se cure o haga algo peor. No todo es tisis galopante y en ese caso cabe suponer que esos enfermos han pasado a curarse o a pretenderlo, después de que el mal estaba demasiado avanzado y después de que en talleres, galerías y celdas habían distribuido enormemente la infección. Si tales enfermos pasan al departamento en que la más pigmea noción de humanidad debe colocarlos cuando el médico lo dispone, es claro que debe ser mucho antes a fin de evitar el contagio y la tortura de un  infeliz sentenciado por la naturaleza a muerte pronta y como parece que no sucede así, cabe preguntar al gobierno: ¿Los presos enfermos, pasan a curarse cuando se debe o cuando ya no puede ser otra cosa; y pasan por orden del médico o por orden de vocales, directores o alcaldes?
Quedamos esperando más respuestas y es casi seguro que con nosotros, muchas personas. Bien por el silencio que han seguido otras voces a artículos que hemos publicado con respecto a la llamada Penitenciaría y a otros asuntos de semejante importancia, nos obliga a esperar con poquísima fe.

LA REVISTA DE MERIDA, 9 de septiembre de 1909, p. 1.