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Cualquiera se figura que el ser candidato al gobierno es una ganga, ¿verdad? Pues no, señor; he tenido oportunidad de convencerme de lo contrario y hasta de que hay individuo que prefiere que lo muerda un perro a resultar candidato o a que por tal lo tomen.
Estaba escribiendo caballadas:
–Sr. Solís, –me dijo un muchacho –que desea hablar con usted D. José María Pino.
– ¿Don José María Pino?
– Sí, señor.
–Dile que pase, que pase inmediatamente.
Rigor fuera, ¡cómo hacer esperar ni siquiera un momento al candidato del partido antiporfirista! Y mientras el muchacho iba a llevarle mis palabras, pensé: ¿qué me querrá el Sr. Pino? ¿Me irá a proponer para el próximo cuatrienio el Fiel Contraste? ¿Querrá acaso hacerme diputado, o Concejal?
Temblando de emoción me compuse el lazo de la corbata, subime el pantalón y cuando oí sus pasos, dibujé una deliciosa sonrisa en mis labios. Debía yo estar interesante y simpático.
Abro la puerta y se me presenta un individuo gordo, bajo, con tamaña panza, feo, por supuesto, pero sonriente y con un sifón en la mano. Era, en fin, Don José María Pino Rusconi, el fabricante de aguas gaseosas.
Al reconocerlo, os juro, me vinieron ganas de irme sobre él, caerle a trompadas y quitarle el sifón; pero ¿qué culpa tenía de nada? Me contuve, volví a mis labios la sonrisa aquella que preparé para el otro Don José María Pino y me puse a sus órdenes. –Sr. Solís –me dijo –, necesito que usted haga una aclaración en su periódico. Deseo que usted haga saber que el Sr. José María Pino candidato al gobierno del Estado, no soy yo sino el Lic. Don José María Pino Suárez.
–Pero, hombre…
–Pues es claro; muchas personas que no conocen al Lic. Pino creen que soy yo y eso me perjudica una barbaridad, porque yo nunca me meto ni me he metido en política y, además, por Dios bendito, que no quiero ser gobernador…
–Pero, ¡hombre..!
–Ayer no me han dejado trabajar mi agua las innúmeras personas que fueron ora a felicitarme simplemente ora a pedirme empleos y felicitarme, ora a pedirme empleos sin felicitación.
– ¿De veras?
–Como lo está usted oyendo. Una señora me fue a suplicar que yo quitara a todos los Magistrados del H. Tribunal Superior porque le habían reventado su negocio.
–Y ¿qué le dijo Ud. a la señora?
– ¡Figúrese usted! Un individuo fue a decirme que él no quería nada, pero lo que sí me pedía con todo su corazón, era que le quitara el Registro Civil a don Honorio, y así por el estilo, hasta que llegaron a aburrirme con tanta súplica, tanto ruego y decidí no recibir a nadie, pues me roba tiempo y dinero tener que dar explicaciones etc. a cada uno de los que van a verme, y lo peor es que ya no creen que fabrico aguas gaseosas.
–De manera que quiere usted que yo diga que usted no es Don José María Pino ¿no es cierto?
–Sí, señor, y que el Lic. Pino, además, no es el que fabrica las mejores aguas, ¡atiós! ¡Eso nomás me faltaba! El señor Lic. Pino, sabrá hacer versos y será muy buen licenciado, pero, óigalo usted, se muere si hace aguas.
–Pero, señor Pino; ¡cómo no va a hacerlas!
– ¡Como Ud. lo oye! Y lo desafío a que me plante un sifón como los míos.
–Tranquilícese Ud., Pino, todo se arreglará.
Y se marchó contento como había llegado a darme motivo para estas caballadas que escribo por vía de aclaración.
SOLIS.
La Campana. Bisemanario Independiente de Información General, 4 de septiembre de 1909, pp. 1 -2.

La sidra Águila, La Revista de Mérida, 30 de septiembre de 1909, p. 3.
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