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La actual política, Fray Crudencio, Época II, año I, núm. 3, 7 de agosto de 1909, p. 4.
Sigue explicando este periódico su conducta (inexplicable) en la publicación que hizo de hechos que dijo que le contaron “quienes están en condiciones de informar” y de la cual publicación se inferían, por su generalidad, tremendos cargos y odiosas imputaciones contra personas a quienes hay que considerar inocentes. Esos vanos esfuerzos los hace “La Campana” poseída de una iracundia que hace creer que la tal “Campana” se ha vuelto falconete y culebrina, pero inofensiva.
Y sigue con sus chistes. En su plan de pretender “tomar el pelo” a sus lectores, les hace saber que no se debió formar juicio de lo que dijo en su primer artículo por atroz que fuese y en el que redondeó y hasta dejó entrever nuevas y terribles imputaciones, si no que se debía esperar a lo que todavía tenía que seguir diciendo. Ya se sabe que lo que tenía que seguir diciendo era para desvirtuar lo que ya había dicho y para reconocer que había faltado a la verdad en lo que se refirió al “Diario Yucateco”, para volver a faltar a la verdad, porque el “Diario Yucateco” le volvió a rectificar. ¡Qué exquisita decencia!
De modo que “La Campana” es como aquel señor a quien al salir de Mérida le dijo su compañero: “¡Qué hermoso pavo!” y cuando entraban en Valladolid contestó: “¡Para un kol!”. Recuerda también a un abogado de nuestro antiguo foro que, en una visita pública empezó su peroración diciendo: “El abogado de la contraparte es un vil y un canalla y un [línea ilegible] yo dijera todo eso, sin duda que me haría merecedor de un gran castigo, porque la verdad es que el abogado de la contraparte es muy honorable”. Del mismo modo “La Campana” en un número pinta su cuadro de rebelión con betún, y pasados días, ya que encuentra producido el vituperable efecto y ya que palpa el anatema justo que le fulmina la sociedad, agrega unas pinceladas de carmín y nos cuenta que no son galgos sino podencos. ¡Qué exquisita decencia!
Nos pregunta por qué no esperamos a que le diese la gana de terminar sus mal aconsejadas informaciones para formar juicio. Pues por tres razones. Primera, porque para muestra sobra un botón. Segunda, por la misma razón por la que el “Diario Yucateco” no esperó nada para lanzar a “La Campana” el contundente mentis que le lanzó. Tercera, porque “La Campana” dijo hasta la saciedad que había procedido con toda diligencia, que estaba contando “lo que existe” y que, en fin, sus palabras eran el “acabóse”.
¿Quién se iba a figurar que después de lo que muchos juzgarían un siniestramente mal intencionado bofetón dado por “La Campana” iba a salir ella misma con un incalificable “Usted perdone”?
Decididamente “La Campana” está dejando ver las clavijas, aunque parezca raro. Decididamente la severa y honrada pluma de la musa de la Historia, no hacen buen juego con los livianos cascabeles de un Rigoletto o de un Triboulet. Por lo que hace al público, no necesita para sentenciar en última instancia a “La Campana”, saber, como puede ser que nosotros sepamos, quien escribió la primera, escandalosa y “rectificable” información que publicó. Tampoco necesita nadie ir a Salamanca para fijar lo que valen los insultos que nos regala “La Campana” porque es muy sabido que “donde hay Campana”, hay de todo”. Y todavía nos queda para “La Campana” [línea ilegible].
La Revista de Mérida, 15 de diciembre de 1909, p. 2.
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