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A NUESTRO DIRECTOR, COMO A SAN LORENZO, MIENTRAS SE LE ASA UN COSTADO, HAY QUIEN ESPERE QUE SE LE ASE EL OTRO.
Seguimos haciendo la defensa de nuestro Director, no porque esta sea necesaria para formar en la sociedad el convencimiento de que es inocente, pues sabemos que ese convencimiento existe, sino porque se están haciendo esfuerzos para inducir a creer que ya que los delitos que se le han estado imputando, no existen, “probablemente” existan otros a los cuales se hacen o vagas o indirectas alusiones.
Se decía primero que su delito consistía en haberse impreso en los talleres de LA REVISTA de la cual es Director, unos sueltos a los que se pretendía dar el visto de subversivos. Pero eso que se pretendía ha sido tan rechazado por la unánime opinión pública; parece tan violento adjudicar índole subversiva a dicho suelto, que ahora algunos del bando político a que pertenecen los redactores de “La Democracia”, dan señales de querer fundar en otros motivos, no menos inanes, la orden de prisión que pesa sobre el señor Menéndez.
En efecto, en el último número de “La Democracia” se lee que probablemente la autoridad “probablemente ha entendido que en el suelto no se sostiene el derecho de rebelión, sino se defiende la actitud de un orador del Centro Electoral que excitaba al pueblo para deponer al gobierno, lo que ACASO esté comprendido en el artículo 489 del Código Penal en relación con el 221 del propio ordenamiento”.
¿Es esta una hipótesis, una acusación, una delación o qué? Nosotros no lo vemos claro, pero esperamos que el público lo verá y mucho tenemos que si los redactores de “La Democracia” no reciban provecho de tal cosa, tampoco recibirán honra.
No fue esa, sin embargo, la opinión del señor Juez Lic. don Rafael Lugo que dictó la orden de aprehensión, ni la del Lic. don Ángel Salazar Arjona, quien como agente del Ministerio Público acusó el suelto en cuestión, puesto que ambos funcionarios se fundaron en el artículo 224 del referido Cuerpo de Leyes. De esta opinión de los referidos Juez y Ministerio Público, nos ocuparemos luego, y nos limitaremos a hacer constar lo vaga que será la razón que se tiene para inculpar a nuestro Director, cuando unos la ven de un modo y otros de otro modo muy distinto y no faltan los necesarios “acasos” y “probablementes” que ponen de relieve el fondo del asunto.
No conforme “La Democracia” con preparar “acaso” para el señor Menéndez, nuevos aspectos que “probablemente” tomen consistencia más tarde en la obra de castigarlo por esos multiformes, indecisos y variables delitos, con lo que de camino se exhibe la índole del Código Penal que está resultando un callejón sin salida para los periodistas, todavía se apresura a asirse del hecho de haber asentado nosotros que el señor Menéndez no firmó el suelto acusado, para insinuar que se ha infringido la disposición de nuestro glorioso y glorificado Código Penal relativa a lo que se llama “pie de imprenta”, o sea la designación del propietario de la misma, como si eso no fuera total y absolutamente diferente de la firma de los autores de lo impreso.
¿En esta otra hipótesis, delación, acusación o denuncia que se lanza “acaso” contra el señor Menéndez, por si “probablemente” falta el camino que se tomó de achacarle el delito de rebelión? ¿Quiere el destino que si el señor Menéndez no cae en la primera barranca, caiga en la segunda, o en la tercera o en otras que pueden surgir del generoso y valiente esfuerzo del escritor de “La Democracia”?
Sea como fuere, lo único que hay que reconocer en ese escritor es lo caballeroso de la intención y lo digno de los sentimientos, porque por desgracia para él, los cargos que se ha anticipado a expresar, por si acaso probablemente se da la oportunidad de utilizarlos, están tan destruidos de base y hasta de ingenio en la presentación, que nada más pueden invocarse como se invoca el “porque sí” ó el “porque me da la gana”.
En efecto: en el suelto a que nos referimos se empezó por “negar” que ningún orador hubiese dicho lo que se aseguró, y claro se lee en el repetido suelto que “no merecen crédito las atestaciones de “La Unión Democrática” que fue la que lanzó el cargo, porque es un cuerpo de lucha, y como tal, apasionado y tachable. En el mismo suelto se demostraba lo absurdo de contar que unos oradores que hablaban rodeados de policías pudieran expresarse en sentido subversivo, sin haber sido detenidos “ipso facto”, como no lo fueron. Y si, pues, se negaba en el suelto acusado que los oradores hubieran dicho lo que se les colgó, ¿Cómo podían esos sueltos defender lo que no se creía que hubiesen dicho?
En cuanto a lo del pie de imprenta o requisito de “indicar” (así dice el Código), el nombre del propietario de la Imprenta, ¿dónde tiene los ojos el escritor de “La Democracia” que no quiere ver que “está, sí que está y mucho que está” esa indicación al pie del suelto, pues hasta ella sirvió de base al señor Juez Lugo para ordenar la aprehensión de nuestro Director? ¿De qué otro modo el mismo señor Juez Lugo hubiera podido escribir, en el informe que rindió al señor Juez de Distrito, las siguientes palabras: “LA REVISTA DE MERIDA, en cuya imprenta se hizo la impresión del citado alcance, SEGUN DICE AL PIE DE LA HOJA?” No puede estar más manifiesta una acumulación, a destajo de delitos “acaso” cometidos, “probablemente” intentados y hasta falsamente imputados, como ese de la falta del pie de imprenta; acumulación que dice a gritos la existencia de una ceguera, de una obsesión en quienes la trabajan, así como nos enseña de donde proviene esa ceguera y a dónde se encamina.
La inexactitud que resalta en las recriminaciones nutridas que desde las columnas de “La Democracia” se están haciendo a nuestro Director; la vaguedad o incertidumbre de estos cargos; el resultado que parece resaltar de que la culpabilidad del señor Menéndez no falle y de que “por fas o por nefas” las puertas de la cárcel estén de todos modos abiertas para nuestro Director, son a lo que creemos, según el criterio general, el mejor testimonio, prueba y análisis, de lo nada que valen todas esas imputaciones, hechas por el incógnito (?) escritor de “La Democracia”, con tanta tosquedad, con tan poco respeto a la realidad de los hechos, con tal apartamiento o menosprecio de la opinión social, con tal confianza “acaso” en el predominio de su posición política, con tal seguridad “probablemente” de manejar a su antojo los hilos del poder, con tan arrogantes señales de que para dicho escritor eso es todo y la razón y la verdad son nada, que, en verdad se puede decir que lo único que se infiere de los artículos de “La Democracia” es lo siguiente: el señor Muñoz Arístegui ha de gobernar el Estado durante el próximo periodo constitucional, y el señor General Díaz y el señor Licenciado Corral quedarán de Presidente y de Vicepresidente de la República; “pero no ha de ser ni remotamente por los esfuerzos del incógnito (?) escritor de “La Democracia”, sino que muy a pesar de esos desdichados esfuerzos”.
Y para terminar haremos dos declaraciones.
Es la primera que no creemos que ni el señor Gobernador, ni los señores Jueces, por apasionados que se les quiera suponer; sean en modo alguno capaces de seguir a “La Democracia” por los rumbos a los que se ha lanzado, ni de dejarse sugestionar por esas que parecen tortuosas insinuaciones.
Es la segunda que muy a pesar nuestro tenemos que ocuparnos de esta desagradable cuestión, pues estábamos convencidos de que, pasadas las elecciones, a todos nos hubiera sido dado el alejarnos de discusiones con carácter político. Sí, desgraciadamente, nos encontramos en este caso, es porque sería hasta repugnante de nuestra parte el abandonar a nuestro Director indefenso contra los ataques que le dirigen uno o dos escritores, de esos que aprovechan en los triunfos políticos una ocasión propicia no sólo para el medro de sus intereses, sino para el desahogo de sus corrosivas inquinas. Individuos que forman un círculo de sombra alrededor de los mismos a quienes defienden, y que con sus pardos manejos y torpes intrigas alzan un muro entre los mismos a quienes debieran prestigiar y apoyar, y el público.
La Revista de Mérida, 20 de diciembre de 1909, p. 1.
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