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Broma pesada
Un chistoso, de los que por aquí abundan, tuvo la “feliz” idea de quitar el anuncio colocado a las puertas del bufete del Licenciado Tomás Ávila López y fue a colgarlo en la fachada de la casa habitada por el Cura de San Juan.
La policía trata de aclarar quién fue el chistoso.
La Revista de Mérida, 11 de agosto de 1909; p. 5.
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Que se remedie
Llamamos la atención de quien corresponda, de que en la esquina denominada “La Grulla,” cruzamiento de las calles 62 y 53, se reúnen todas las noches varios jovencitos desocupados, que molestan al vecindario de aquel rumbo, con sus travesuras nada cultas.
La Revista de Mérida, 3 de septiembre de 1909, p. 2.
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La osadía de los indios rebeldes
Agresión a un maquinista a las puertas de Santa Cruz de Bravo.
El día 22 del mes de agosto próximo pasado salió el maquinista del Ferrocarril Militar Francisco Smith, de la capital del vecino Territorio con objeto de cazar en una vereda contigua al camino de la vía del citado Ferrocarril, creyendo sin duda que la osadía de los indios rebeldes no llegaría hasta el extremo de asaltarle a las puertas de Santa Cruz de Bravo.
Pero estaba equivocado, pues a poco de internarse por el sendero, se vio agredido a balazos por los indios, no quedándole otro recurso que emprender precipitada fuga. Después pudo observar que las dos balas habían hecho blanco en su sombrero y que otro balazo le había quemado la ropa, escapando de la muerte por un verdadero milagro.
El referido maquinista Smith es el mismo que fue sorprendido el 9 de agosto de 1906, cuando los rebeldes asaltaron el tren, entre las estaciones “La Central” y “6”, yendo el convoy rumbo a Vigía Chico y a tres kilómetros de la primera estación nombrada.
La Revista de Mérida, 8 de septiembre de 1909, p. 2.
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Robo de una caja de dinamita
El Sr. José Crerta compareció ayer ente el jefe de la 6a. Demarcación policiaca y dio cuenta de que en cierto tramo de la calle 50, en donde está construyendo una calzada, le habían robado una caja de dinamita, que le servía para dar tiros de bombeo.
Practicadas las diligencias respectivas, fue detenido por la policía auxiliar, un menor de doce años de edad apellidado Briceño, quien se cree cometió el robo en compañía de otro menor, que aún no ha sido detenido y el que según Briceño, se llevó a su casa la caja robada.
La Revista de Mérida, 17 de septiembre de 1909; p. 2.
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Plagio de un menor, cometido por un chino
Los roba-chicos de trenza, van aumentando en esta ciudad.
A los varios casos de menores robados, tenemos qué informar de uno nuevo, cometido el sábado último y que tuvo lugar en una calle bastante céntrica.
El plagiado, es el menor Ignacio Lorenzana, de 9 a 10 años de edad, que estaba al servicio de la familia del Lic. Fernando Patrón Evia, quien lo mandó a acompañar a unos niños que iban a la escuela.
Cuando el menor Lorenzana ya estaba de regreso a su casa, un chino se le acercó y le indicó que lo siguiera, a lo que se negó, y entonces el coletudo lo alzó de los brazos y a la fuerza se lo llevó sin que el menor pudiera protestar, porque le tapó la boca.
Ya conoce de este asunto la policía y el Juez quinto de Paz.
La Revista de Mérida, 17 de septiembre de 1909; p. 2.
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¿Subteniente en estado de embriaguez?
Se nos dice que ayer en la tarde se provocó un altercado en una esquina de no muy buena nota entre dos individuos, y cuando ya casi tomaba un mal cariz intervino un oficial de la policía, pero dicho oficial estaba en estado de embriaguez e hizo justicia de la manera más conveniente a su estado.
Llamamos la atención al señor Comandante Villamil, para que evite estos actos que redundan en perjuicio de la buena reputación de la policía.
La Revista de Mérida, 23 de septiembre de 1909; p. 2.
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La esquina del “El Cintarazo,” foco de escándalos
Sabemos que por las calles cercanas al lugar conocido con el nombre de “El Cintarazo” se hacen cada día más frecuentes las peloteras que ponen en sobresalto a los vecinos.
Se tiene como un hecho que en alguna tienda por allí situada se vende descaradamente aguardiente de un modo ilícito y a horas vedadas, y sin que la policía que por ahí pulula con frecuencia alcance a ver lo que ven muchos. Eso, seguramente, contribuye a la formación de las broncas. Hace pocos días fue golpeado por allí un individuo lastimosamente y con el puño de una pistola.
Finalmente, se juzga como probable que el tendero feliz que puede cometer esas infracciones sin ningún peligro disfruta de la amistad y consideración de personas de la policía a quienes halaga haciendo ruidoso alarde de muñocismo.
Pronto seremos más explícitos, para lo que esperamos la comprobación de algunos datos que tenemos en cartera. Pero no dejaremos de preguntar. A los inocentes y honrados vecinos ¿no queda más camino que el de la resignación?
La Revista de Mérida, 23 de septiembre de 1909; p. 3.
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Triste espectáculo
El domingo en el día causaba lástima ver a unos jovencitos de 12 a 14 años de edad, transitar por algunas calles en estado completo de ebriedad.
La policía, cumpliendo con su deber, debe vigilar que en las cantinas no se expenda licor a los menores de edad, y castigar enérgicamente a los que cometan tan punible falta.
La Revista de Mérida, 26 de octubre de 1909, p. 2.
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Escandalo en la esquina del “Degollado”
Ayer a las 4:30 p. m. y en la esquina denominada “El Degollado”, se presentaron dos individuos en el establecimiento de la propiedad del señor don Arturo Duarte, pidiendo cada uno, una copa de licor. Uno de ellos llamado López, del interior de la República, propinó un bofetón a su compañero que era otro López de origen campechano y gendarme de la montada de esta ciudad. Entonces éste apeló a la espada que llevaba y dio con ella tan fuerte que hizo sangre. El herido arrebató la espada a su agresor pegándole con ella y haciéndole también verter sangre. Inmediatamente que el señor Duarte se enteró del escándalo, ocurrió en demanda de auxilio al cual acudió el Subteniente Flores, conduciéndolos a la estación de policía y de ésta al Hospital, consignándose el hecho al Juez 5º de Paz, quien practica las diligencias.
La Revista de Mérida, 17 de noviembre de 1909, p. 2.
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