|
En la actual fiesta de aquel simpático barrio, se nota mucho entusiasmo y algazara. En las mañanas solemnes funciones religiosas en el templo parroquial.
Las noches muy animadas. En todas partes hay mucha gente: en las loterías, sorbeterías, refresquerías, en el carroucel, en la ola, en los aeroplanos, etc., etc. En el lado norte de la plaza se abre gigantesca la boca de un feroz animal que noche a noche se traga a multitud de gente de todas las clases sociales que acuden presurosas a admirar las bellas películas que se proyectan en aquel salón, que lleva por nombre “Cines de Mérida.”
Siguiendo por lado poniente, en el zaguán de la casa del Dr. Hernández, se encuentra uno con los Modernos Autómatas Humanos, de los amigos D. José Cepeda y D. José S. Talavera N., que a decir verdad, es un espectáculo culto y llamando la atención. La bella criatura Conchita Cebada y lo no menos Luisita Aznar, llevando en escena, ora “La República del Amor,” ora “La niña de los Besos,” ora “Don Juan Tenorio,” ora… etc. El Duetto José Martínez y Martín Erosa y el simpático Ángel Soto, deleitando a la concurrencia con sus armónicas notas guturales.
Nos suplican numerosos amigos nuestros, digamos a la empresa Cepeda –Talavera, vuelvan a llevar a escena la bien compuesta parodia de “Don Juan Tenorio.”
El “Salón Frontera,” cuyo propietario D. Arturo Moguel, mimado del público ya, rebosa de gente todas las noches, todo porque presenta las mejores películas y de grande arte. Las últimas proyecciones han gustado mucho, descollando muy notables cintas.
Don Juan A. Pérez Cámara, en el lado sur de la iglesia con sus Autómatas Humanos, que cantan coplas de actualidad y representan pequeños juguetes cómicos.
En fin, todo Santiago se divierte.
Alba Gema, año I, núm. 8, 1 de agosto de 1914, p. 3.
|